Hubo un tiempo en el que enamorarse no era suficiente para casarse. Mucho menos si él era el heredero de una Corona europea y ella, la hija de un comerciante. Esa fue la historia de Harald de Noruega (Asker, Noruega, 89 años) y Sonia Haraldsen (Oslo, Noruega, 89 años), una relación que durante casi diez años desafió las normas de la monarquía y que terminó cambiando, en parte, la forma de entender los matrimonios reales.
Los dos se conocieron cuando tenían 15 años, en un campamento de verano, aunque no fue hasta años después cuando volvieron a encontrarse y surgió el romance. En el verano de 1959, un amigo en común, Johen Stenersen, invitó a Sonia a una fiesta cerca del castillo de Oslo, donde estaba Harald. A partir de entonces comenzaron a verse con frecuencia y su relación terminó haciéndose cada vez más estrecha.
El problema era evidente para la época: Sonia no pertenecía a la realeza. Cuando los rumores sobre el noviazgo llegaron a la prensa, la posibilidad de que el heredero se casara con una plebeya fue rechazada tanto por la Casa Real como por los círculos políticos y eclesiásticos. El rey Olav quería para su hijo una esposa de sangre real y llegó a pensar en la princesa Sofía de Grecia, que años después sería reina de España junto a Juan Carlos de Borbón.
Pero Harald no estaba dispuesto a cambiar de pareja. La familia intentó poner distancia entre ambos enviándolo a Reino Unido para estudiar Ciencias Económicas, Ciencias Políticas e Historia en Oxford, mientras Sonia se marchaba a Suiza para estudiar Ciencias Sociales, Contabilidad y Moda. Sin embargo, la separación no terminó con la relación. Cuando ella enfermó durante su estancia en Suiza, Harald viajó para buscarla y regresar juntos a Noruega.
La situación llegó a un punto límite. Sonia amenazó con suicidarse si no podía estar junto a Harald, mientras que el príncipe planteó a su padre una condición que podía poner en peligro el futuro de la dinastía: sería rey, pero no se casaría si no podía hacerlo con ella. Harald era entonces el único hijo varón de Olav y Marta de Noruega, por lo que permanecer soltero también significaba dejar a la Corona sin descendencia masculina.
El asunto dejó de ser una cuestión privada y pasó a convertirse en un problema de Estado. En 1967, Olav comenzó a consultar con el Gobierno noruego sobre la posibilidad del matrimonio y, después de varios desacuerdos, en marzo de 1968 se anunció el compromiso.
Cinco meses después, el 29 de agosto de 1968, Harald y Sonia se casaron en la catedral de Oslo. Ella había diseñado su propio vestido y la boda, que durante años había sido contemplada con preocupación desde la Corona, recibió una enorme aprobación popular. Sonia pasó a ser conocida como «la novia del pueblo».
Durante el banquete, Harald dedicó a su esposa unas palabras que resumían todo lo que habían tenido que superar para llegar hasta aquel momento: «Sabes mejor que nadie lo que siento, tanto ahora como en el pasado. Y mejor que nadie entiendes lo que este momento significa realmente».
Tres años después nació su primera hija, Marta Luisa, y en 1973 llegó el príncipe Haakon Magnus, destinado a suceder a su padre. Tras la muerte de Olav en 1991, Harald y Sonia se convirtieron en los nuevos reyes de Noruega.
Más de cinco décadas después de aquella boda, la pareja continúa unida y ha formado una familia de cuatro hijos y cinco nietos. Su historia, que comenzó como un romance que la Corona consideraba imposible, ha terminado convertida en uno de los grandes relatos de amor de las monarquías europeas.
Ahora, aquel noviazgo clandestino también llegó a la ficción con Harald y Sonia en 2025, la serie dirigida y escrita por Vibeke Idsøe que recrea los primeros años de su relación. El romance está protagonizado por Sindre Strand Offerdal, como Harald, y Gina Bernhoft Gørvell, como Sonia.
Porque, en su caso, la historia de amor que parecía imposible no terminó con una renuncia, sino con una boda. Y aquella plebeya a la que durante años se consideró inadecuada para el futuro rey terminó convirtiéndose en la reina de Noruega.

