Considerado una de las voces más influyentes de la industria de la moda en sus últimos años, Alessandro Michele (Roma, 1972) dice adiós a la que ha sido su casa desde el año 2015. Aunque las razones exactas de su salida se desconocen, el director creativo ha señalado que existe una realidad de «perspectivas diferentes» para el futuro de la firma italiana. Un conflicto de intereses que se habría resuelto con este abandono.

Según reza el comunicado emitido por Kering –conglomerado de lujo al que pertenece la firma–, no tiene que haber más razón para separar caminos que el simple hecho de tener que distanciarse por tener cada parte una visión diferente de lo que se quiere. «Hoy termina para mí un viaje extraordinario, de más de veinte años, dentro de una empresa a la que he dedicado incansablemente todo mi amor y pasión creativa. Durante este largo período, Gucci ha sido mi hogar, mi familia adoptiva. A esta familia extensa, a todos los individuos que me han apoyado y cuidado les mando mi más sinceros agradecimientos», continúa Michele en el texto difundido por el Grupo.

En cuanto al italiano, cabe destacar su maestría para dar a la firma que le terminó de alzar en este sector una dosis muy exacta y acertada de modernidad. A base de gafas de pasta –el accesorio de estilo más trabajado por Michele– y cuellos bebé, el diseñador colocó a Gucci en el punto de mira de todo admirador y consumidor de moda, de cualquier edad, y de cualquier país.

A sus 49 años, la moda de Michele es reconocida por su excentricidad y sentido de la color. Pero sobre todo, por su impulso a la moda de género fluido. Abanderándose de la filosofía y de la cultura del país que le vio nacer, puede presumir de haber convertido Gucci en la firma más deseada por el público y, por qué no decirlo, en la más fructífera en cuanto a ventas.

Su exquisita formación es otro de sus atractivo para los grandes grupos y firmas. Nacido en Roma y se formó en la Accademia di Costume e di Moda Romana con el objetivo de ser diseñador de vestuario para grandes producciones. Sin embargo, su camino tomó un sentido diferente: ejerció como diseñador de accesorios para Fendi. Fue Tom Ford –por entonces responsable de la firma– quien llamó a su puerta en el año 2002.

En ese mismo año, entró a formar parte del equipo de Gucci, donde 10 años más tarde encontró un hueco como adjunto a la dirección de Frida Giannini. La etapa de su aprendizaje de mayor esplendor para él. Allí tuvo responsabilidad directa sobre los artículos de cuero, joyas, zapatos y demás complementos de la firma.

Sin limitar su capacidad creativa para crear moda, su historia no puede contarse sin su cargo de director creativo de Richard Ginori. La razón no es otra que el punto de inflexión que fue este trabajo para el italiano: el salto a lo que vino después, la vuelta a casa, a Gucci, esta vez como máximo responsable de sus colecciones masculinas y femeninas.

Así, en 2015 protagoniza su primer saludo tras un desfile de Gucci, ya convertido en director creativo. Primero llegó la colección masculina; después, la femenina. Y más tarde, la fusión de ambas para comenzar a hablar de un nuevo concepto en moda: genderless. La estética andrógina, con ecos de los años 70, que propuso para ambos sexos fue tan rompedora que conquistó el gusto de los admiradores.

En Gucci, el apodado ‘mesías’ destruyó todo lo que existía hasta su llegada, reinventó los códigos de la firma y convirtió esa solera histórica en un imán de miradas para asegurar un futuro prometedor a la marca. Ahora, casi 20 años después de su entrada en Gucci –siete de ellos como director creativo–, el italiano se despide dejando una puerta abierta a la esperanza: que no tenga feeling con la otra parte que manda en Gucci, no quiere decir que no vaya a tenerlo en otra firma.