Si eres un ser humano, es probable que te hayas sentido como un impostor en algún momento. Como adultos, como profesionales, como mujeres y especialmente como mujeres que desarrollan su trayectoria profesional en el sector tecnológico.

Las mujeres representan sólo el 16% del empleo en el sector tecnológico de alto nivel en Estados Unidos y sólo el 10% de los puestos ejecutivos, según el estudio Quantifying Gender Gap de Entelo.

He escuchado variaciones de la pregunta del impostor una y otra vez desde que me abrí camino hasta mi primer puesto de liderazgo. Mi respuesta preferida para las mujeres que se preguntan cómo superar el síndrome del impostor es: «usa tu voz».

Una de mis películas favoritas, As Good As It Gets (Mejor… imposible), lo resume mejor cuando, de pura exasperación, el personaje de Greg Kinnear le dice al de Jack Nicholson: «Lo mejor que tienes a tu favor es tu disposición a humillarte».

Desde luego, no estoy sugiriendo que te avergüences a propósito delante de una sala llena de compañeros de trabajo, pero sí te animo a que te arriesgues, a que hables y a que des tu opinión cuando no te la pidan.

Anímate y haz esa pregunta de la que crees que todos los demás ya saben la respuesta. En las pequeñas conversaciones y en las grandes reuniones me acuerdo de esta cita, más aún en los momentos en los que me asaltan las dudas y –seamos sinceras, señoras– eso es la mayor parte del tiempo.

Quizá te preguntes: ¿por qué molestarse? Es cierto que pasar desapercibido puede ser reconfortante. Si haces lo mínimo que requiere tu función, puedes seguir recibiendo esos pagos. No arriesgarse puede ser una forma segura de evitar el fracaso. También es una buena manera de asegurarse de que no ocurra nada extraordinario.

Si quieres marcar la diferencia mientras subes la escalera corporativa, hazte oír. A veces puede ser contraproducente, pero te garantizo que será beneficioso la mayoría de las veces.

Esto es lo que he aprendido al abrirme camino en situaciones difíciles. Tal vez compartirlo te ayude a evitar algunos de esos arañazos.

Estás capacitada

Muchas mujeres que he conocido se ahogan en la ansiedad por las cualificaciones que creen que les faltan en comparación a sus compañeros masculinos o a sus compañeros en general. He colaborado en contratar personas durante suficientes años como para saber que los directores de contratación valoran sistemáticamente la aptitud por encima de la experiencia en la materia.

Recuerda que profesionales inteligentes y experimentados te examinaron, vieron tu potencial, pensaron que añadirías valor y te contrataron. Sabían lo que hacían, lo que significa que tú también lo sabes. O, al menos, aprenderás.

Nadie ejecuta a la perfección desde el principio y, si lo hiciera, estaría preparado para lo que sigue. Se espera que crezcas en tu función actual y se te dará (o debería darse) el espacio para hacerlo.

La confianza es en parte una ilusión

¿Cuántas veces te has sentido nervioso, pero has fingido que estabas tranquilo y calmado?

Muchas. A menudo nos encontramos rodeados de colegas que parecen seguros de sí mismos y que intercambian opiniones, mientras que nosotros nos sentimos como un observador asustado que intenta no quedar atrapado en el cruce de palabras. No nos engañemos.

Ellos tienen sus propias dudas y te garantizo que si tienes una pregunta, alguien más en la sala está pensando lo mismo. Sé tú quien hable. Con el tiempo, descubrirás que te sientes más cómodo y te habrás convertido en un miembro del equipo al que acudir.

‘¡Yo lo hago!’

Estás en otra reunión y surge un tema de acción junto con la inevitable pregunta: ¿Quién se encargará de ello?

Pues tú.

Puede que se trate de un tema sobre el que no tienes apenas conocimientos. Puede que te intimide incluso contemplarlo. De todos modos, ofrécete voluntaria. Nada incrementa más la seguridad en ti mismo que asumir nuevos retos y tener éxito.

Aprender sobre la marcha aumenta tu experiencia. Cuando te quedes perpleja, tienes a todos tus colegas para recurrir y comunicarse aumenta tu visibilidad. Al final, habrás sustituido el síndrome del impostor por la experiencia, el conocimiento y la confianza.

Ten en cuenta la diferencia

Todavía no he trabajado en una empresa que lo haga todo perfectamente. Esto parece algo negativo, pero puedes convertirlo en algo positivo para ti si encuentras las lagunas en los procesos y las herramientas y las mejoras.

No esperes a que alguien te pida que investigues un problema; toma la iniciativa. Mantén los ojos abiertos para encontrar formas de optimizar las metodologías existentes o crear otras nuevas. Piensa en una solución y proponla. Impresionarás a los líderes, ayudarás a tus compañeros y reducirás aún más tu propio síndrome del impostor.