¿Qué es el peplum? Sólo hay dos respuestas válidas para esta pregunta. Una la darán los cinéfilos. La otra, los grandes sabedores de la historia de la moda. Pero en cualquier caso, las réplicas de ambos serán acertadas y la satisfacción de la contestación sólo dependerá de los intereses personales de quien tenga en ese momento el turno de palabra.

No se equivocará quien diga que el término lo utilizó por primera vez Jacques Siclier, crítico francés de cine, en su artículo ‘L’age du péplum’ para la revista francesa Cahiers du Cinéma, en 1962. Tampoco lo hará quien asegure que fue Christian Dior a través de la chaqueta Bar, la prenda que creó en 1947 para separar las costuras del cuerpo femenino, con el único objetivo de marcar sus curvas y realzar su figura. Algo impensable en el instante de su confección: tiempos de posguerra, donde la austeridad era la norma y el atrevimiento una utopía. 

Dos orígenes para un único concepto que ofrece un nexo más para ambos. Su país de nacimiento. El nombre ‘peplum’ corresponde a una de las prendas que se usaban en la antigua Grecia, conocido comúnmente como ‘peplo’ y que consistía en una sencilla túnica sin mangas.

EL MISMO VOLANTE QUE NACIÓ EN EL SIGLO X y IX A.C. PARA DISIMULAR LAS CURVAS DEL CUERPO FEMENINO SE REDISEÑÓ EN 1947 PARA ENSALZARLAS

Fue vestida tanto por hombres como por mujeres. Y su diseño aglutinó diferentes modelos –todos ellos con el mismo patrón y con la misma intención: disimular el cuerpo oculto bajo la tela y ofrecer comodidad de movimiento–. Aunque de todos, el estilo más sencillo fue el dórico. Este se enrollaba alrededor del cuerpo y lograba un efecto de dos piezas. Bronwyn Cosgrave lo definió así en Historia de la moda. Desde Egipto hasta nuestros días (2005): “Esta prenda se cosía desde la cintura hasta el dobladillo, por su parte lateral, y se sujetaba la tela sobrante con un cinturón por debajo de los pechos”.

Su uso extendido en la vida diaria de los ciudadanos hizo que esta prenda fuera llevada al cine ‘moderno’ para recrear el estilo de vida, las costumbres e la indumentaria de aquellos años del país mediterráneo. Como fiel reflejo de las tendencias textiles de la época. Película a película, la túnica descrita pasó a convertirse en uno de los pocos denominadores comunes de todas las cintas filmadas sobre la Grecia de los siglos X y IX a. C. De manera que su constante presencia la convirtió en un referente fílmico en sí mismo, dando lugar al peplum, género cinematográfico que aglutina películas de aventuras ambientadas en esta antigüedad.

LA ATEMPORALIDAD ES TENDENCIA

Fue la Hércules (1958) de Pietro Frascisci la película que inauguró el género. En ella, Steve Reeves y Sylva Koscina lucen versiones cortas y funcionales. Más femenino y con un diseño más clásico y largo fue el que lució Mylène Demongeot en La batalla de Marathón (1959). Por su parte, la que fuera una de las actrices más emblemáticas y glamurosas de la época dorada del cine estadounidense y la diva máxima del Hollywood de 1940, Rita Hayworth, lo lució en Salomé (1953). Unos años antes de que el término fuera acuñado un género identitario de la gran pantalla. Y más cercano en el tiempo, en Alejandro Magno (2004) una caracterizada Angelina Jolie lució varias adaptaciones de la icónica túnica.

Poco a poco su diseño fue evolucionando hacia ornamentos más exquisitos. Una evolución que coincidió con su salto a la industria de la moda, tanto en su momento de exhibicionismo sobre una pasarela como en su inclusión en el prêt-á-porter y alta costura que invadieron las calles a finales de los años 40. Christian Dior fue uno de sus máximos exponentes. Lo fue al idear una versión más sensual de la prenda para la que fue creada. Cintura ceñida y volumen en las caderas, que marcaba su nueva concepción del ‘New Look. La túnica de dimensiones anchas se reeditó en varias opciones de prendas. Chaquetas, vestidos, camisas, camisetas, pantalones y faldas sentaron las bases creativas de otros compañeros de profesión.

LO ‘ARQUEOFASHION’ ES TENDENCIA 

Hasta el punto de ser reconocido como un producto en sí mismo, el peplum fue imaginado como un volante sumamente femenino. Su uso atemporal ha hecho que su presencia en la industria haya estado marcada por las tendencias del momento. Tras su éxtasis vivido desde 1947 hasta mediados de la década de 1950, su uso disminuyó para volver a revivir en los años 80 para patrones más definidos

Décadas más tarde, Miuccia Prada, Alexander McQueen y Raf Simons volvieron a reinterpretar la esencia del peplum. La idea era hacer de las colecciones presentadas desde 2008 hasta 2012 una promesa de estilo asentada en los modelos clásicos, pero con pátinas de sorpresa. En 2020, Nina Ricci recuperó el poder de este trozo de tela para poner su exceso de tejido al servicio de múltiples pliegues. Estos dieron forma a blusas de mangas cortas y abullonadas. También llevó su silueta a sombreros y tocados. Fendi también le ha dedicado algunos guiños en su colección de otoño/invierno 2022, de la mano de Silvia Venturini, Delfina Delettrez y Kim Jones. Lo mismo ha hecho Virginie Viard, directora creativa de Chanel, pero sin olvidar el mítico tejido de la firma, el tweed

Peplum es artesanía, clasicismo y vanguardia, historicismo y arqueología. Un reflejo de cómo un ‘trapo’ nacido en la vida diaria de la polis puede convertirse en un elemento indispensable de la alta costura. De Grecia, a las pasarelas. Y de las antiguas civilizaciones, al infinito. Puede que hasta más allá. 

EL ‘VADEMECUM’ DE LA MODA

La periodista y escritoria Bronwyn Cosgrave (Toronto, 1966) recorre siglos de historia a través del estilismo en su libro Historia de la moda. Desde Egipto hasta nuestros días (2005). Porque trazar la historia de la moda equivale a trazar la historia de la civilización, ya que la vestimenta siempre está ligada a razones sociales, culturales y de tendencias.