Uno abre esa cosa del Spotify, escribe el nombre de Fanny en el buscador, a quienes siguen casi 50.000 oyentes mensuales, y puede cargarse de pura energía rockera tocada por mujeres con un poderío profundo.

Así, casi sin pestañear, un aliento de rebeldía comprimida en algún formato digital de esos que se almacenan en algún siniestro servidor noruego, porque los datos siempre están al frío para refrigerar los petabytes de esta globalización digital. 

Pero no perdamos el hilo. Música. Música hecha por chicas. Chicas californianas. Chicas de los setenta. Chicas poderosas. Chicas poderosas que se llamaban Fanny. ¿Te suenan? Quizá no te suenen pero detrás de ese nombre hay una historia de revolución y actitud, de fronteras libertarias y de injusto silencio. ¿Por qué razón Fanny no está en el Olimpo de la historia de la música femenina de la que además fueron precursoras? Precursoras, o casi. 

¿Quiénes eran?

Fanny fueron sobre todo madrugadoras. No formaron, por supuesto, el primer grupo de chicas de la historia del rock, pero sí constituyeron una excepción flagrante: No eran las niñas mimadas de ningún productor que buscaba un artefacto colorido y rentable, ni tampoco las intérpretes angelicales de las canciones que hubiera compuesto un arquitecto de estribillos en la sombra.

Fanny eran cuatro chicas de Los Ángeles que componían sus propias canciones, se encargaban de los arreglos y tocaban todos los instrumentos con una pulcritud magnífica. Sí, esa guitarra poderosa que abre el riff de Ain’t that Peculiar y que podría parecer tocada por el mismísimo Billy Gibbons de ZZ Top eran ellas, con todos sus ovarios.

Y es que junto a Goldie & the Gingerbreads y Pleasure Seekers, Fanny despuntaron en una industria dominada por los hombres. Y grabaron cinco álbumes de estudio y un disco en directo con sellos como Reprise Records, Casablanca Records o Blue Elan Records a lo largo de una trayectoria tan épica como tristemente silenciada por la cultura musical popular.

Y es que todas las revoluciones tienen sus mártires secundarios cuya penitencia es el anonimato y la desmemoria. 

Portada de ‘Fanny Hill’, el álbum publicado en febrero de 1972.

Un documental necesario

Pero el tiempo pone todo en su sitio y el reciente documental Fanny: The Right to Rock, de la cineasta canadiense Bobbi Jo Hart, saca a la luz la historia no contada de una banda de rock pionera que ha sido seleccionada como mejor película en el Festival Internacional de Documentales Hot Docs de Canadá y ha sido presentado en Estados Unidos y Europa en una serie de galas en las que el equipo conversaba con el público, en un épico acto de memoria y justicia.

Las hermanas filipino-americanas Jean y June Millington a las voces, bajo y guitarra junto a la teclista Nickey Barclay y la baterista Alice de Buhr construyeron una maquinaria sónica poderosa que, a golpe de riffs de guitarra y ritmos acelerados, rompieron los moldes de la música hecha por y para chicas que no escondían su orientación sexual lésbica. Encontraron en el rock un modo de “ser vistas y respetadas”.

El documental destacó el descaro y la franqueza de sus personajes centrales. Aterrizar en esas imágenes es darse de bruces con una energía desbordante y una frescura contagiosa que hace saborear la amargura y te obliga a dar volumen al altavoz para desgarrarte con los estribillos y hacer tuyo ese poder generacional que fue silenciado interesadamente por la cultura dominante, que se oponía a una feminidad fresca y libre que vivía su sexualidad como le daba la gana y no necesitaba la aprobación de los hombres para hacer un rock tan poderoso o más como el que hacían entonces exclusivamente los hombres. 

La influencia de Fanny

A lo largo del documental se intercalan las voces de mujeres poderosas como la guitarrista de blues Bonnie Raitt, que dice verdades como puños y reclama su poderosa memoria.

También la bajista de David Bowie, Gail Ann Dorsey, acude al talento silenciado de las hermanas Millington, heroínas de lo queer con 50 años de antelación y recuerda lo que dijo el propio Bowie: “Que las Fanny fueron una de las bandas más importantes y fueron enterradas”.

Fanny hizo giras continuas durante cinco años junto a bandas como Slade o Chicago. Después, el silencio. Bandas femeninas como The Bangles o The Runaways siguieron su estela reconociendo su influencia. June Millington, que la revista Guitar Player describió como la guitarrista femenina más atractiva de la industria musical de todos los tiempos, sigue siendo un personaje carismático que, a sus 73 años, mantiene una energía envidiable.

Si todavía no has tecleado su nombre en el buscador de Spotify, ya puedes empezar a hacerlo y vibrar.