Ilustración de la editora Sol Salama, por Santiago Calixto.

Publica a mujeres, a todo tipo de mujeres, “como un gesto reivindicativo y un mensaje político”. Su proyecto, muy personal, va creciendo y consiguiendo reconocimiento. Hay muchas personas que quieren publicar con Sol Salama (Madrid, 1986): “Recibo al día dos manuscritos en el mail, más otros que me llegan por redes sociales”, cuenta. Algunas de sus autoras: Fernanda Trías, Carolina Larmarche, Margarita García Robayo, Katixa Agirre, Alda Merini. No le da la vida.

Tránsito va bien.

La editorial está creciendo, aunque con un coste un poco alto en lo personal. Sobre todo, un nivel muy alto de estrés. Estoy muy satisfecha porque un proyecto que algunos calificaron como un suicidio editorial ha logrado gran reconocimiento y público afín entre lectores, librerías, medios de comunicación, en España y en Latinoamérica. Es muy bonito que haya gente que compre todos los libros de Tránsito, que la consideren una editorial de cabecera. 

¿Cómo nació?

La editorial nació de una pulsión y una pasión muy grande personal. Siempre quise hacer algo relacionado con los libros, una librería, una editorial. Cuando una se pone a cumplir un sueño y lo hace con tanto entusiasmo, como diría Remedios Zafra, es imposible que no haya un decalaje entre lo que pensabas que iba a ser y lo que es.  

¿Qué le sorprendió de la realidad de la edición?

A veces se pinta como un oficio muy romántico, en el que te pasas el día leyendo, probablemente recostada en un sofá. Para mí, cada día es un aprendizaje, ya que no he estudiado administración, no sé nada de empresas, y las matemáticas las suspendía en el colegio. De modo que hago muchas cosas más que leer, como hacer contratos, hablar con medios, llevar las redes, comunicar los libros a la gente, hacer una labor social agotadora, conocer a los libreros, negociar con libreros e imprentas, estar pendiente de que la distribuidora coloque bien mis libros. 

Suena agotador. Sobre todo, si todo lo hace la misma persona. 

Lo pensé poco antes de tirarme a la piscina, y es cierto que ese entusiasmo se da la mano con un nivel muy alto de estrés.

“A las mujeres nos cuesta más emprender: han destruido nuestra autoestima y lo vemos costoso”

¿Autoexplotación, como también dice Remedios Zafra?

Me siento totalmente una mujer blanca autoexplotada [se ríe]. Siento mucho la soledad de la empresaria. Sé que tengo mucha suerte, la gente me dice que voy viento en popa, y es cierto, pero hay mucha soledad física y mental. Me siento sola al tomar yo todas las decisiones, como si fuera a bordo de un barco vacío a través de una mar picada. 

¿Qué mar es esa?

La cultura, los libros, la pandemia. 

En definitiva, que la gente de la cultura no suele estar muy preparada para el mundo de la empresa. 

Yo creo que hay empresas culturales que salen de personas con cabezas muy Excel, que tienen un plan de negocio muy sólido, que tienen las riendas cogidas desde el principio. Luego hay gente como yo, que empezamos por la pasión y tenemos que ir aprendiendo poco a poco, sobre todo si queremos que el proyecto sea económicamente rentable. 

¿Qué le hace a una meterse a editora?

Siempre he tenido gran necesidad de expresarme de una manera creativa. Nací en una familia de artistas, cosa que a veces llevé con vergüenza, porque era una familia diferente de las demás. Mi madre era pintora y mi padre, profesor de literatura, también era poeta, actor de teatro, trabajó mucho en el teatro de La Abadía, escribió mucho. He tenido el privilegio de estar siempre en contacto con la cultura. Desde pequeña escribo y durante una etapa me dediqué a la foto. 

El fallecimiento de su padre fue determinante en la creación de la editorial.

Sí. Las flores crecen sobre las ortigas. Me dejó muy vapuleada lo de mi padre, que murió sólo seis meses después de que le diagnosticaran una enfermedad. Yo le adoraba, era mi brújula, era mi amigo. Una gran fuente de conocimiento. Hablaba con él durante horas de teatro, de libros, de emociones, así me acercaba yo al mundo. Me quedé tan volada que necesitaba algo que me levantase. La editorial surgió como un homenaje a él, con el que solía planear proyectos culturales. 

¿Cuál es la filosofía de Tránsito?

La línea editorial la conforman mis gustos como lectora. Dicho esto, quiero que mi catalogo ayude a hacer eso que hace la literatura con las personas. Ayudarnos a comprender mejor este mundo, a lidiar con las emociones, a habitar un mundo cada vez más complejo, más desalentador y violento. 

Le gusta lo incómodo.

Sí, la literatura que incomode, que escarbe en las heridas, que hable de cosas de las que no se habla. Normalmente es una literatura muy unida al yo, a la primera persona, a la memoria personal. Quiero que quien abra un libro de Tránsito sienta que el libro le habla, pero también que le ponga en conflicto. Donde algo escuece nace la reflexión más profunda. 

La primera persona es algo que viene muy a cuento en un mundo donde todos nos representamos a nosotros mismos en las redes sociales, por ejemplo. Las historias narradas desde el yo, además, predominan en la literatura. Está en el espíritu de nuestro tiempo. 

Por un lado, me da un poco de miedo vivir en un mundo cada vez más individualista. Cuando la pandemia se dijo que íbamos a ser más solidarios, a tejer redes, pero creo que era una farsa. Me asusta la cultura del yo. Echo de menos tener un equipo y dejar de tratarme con gente a través de la pantalla. Sin embargo, no me parece que sea contradictorio con mi línea editorial. Entiendo que se escriban muchos libros a partir de la experiencia propia. En el mundo que estamos viviendo, individualista, capitalista, heteronormativo, etc, ¿cómo no va a ser necesario expresar nuestras historias en primera persona? Es casi cuestión de supervivencia, ahora que vienen los discursos de odio: hay que romper el miedo. En algunos de mis libros se pasa de lo íntimo a lo universal de una forma muy potente. 

¿Por qué solo publica mujeres?

Se asume que la línea de la editorial es publicar solo mujeres, pero esto no tiene por qué ser así en el futuro. Quería aportar mi grano de arena a un mundo que considero desigual. Como mujer lesbiana y creadora, después de darme cuenta de qué alejado estaba el canon cultural de mí y las personas de mi entorno, y de que las mujeres estábamos en los márgenes, tomé esta decisión. Otro tipo de voces, otro tipo de historias con las mujeres en el centro. No solo mujeres blancas europeas. Y sin buscar la aprobación masculina para mi catálogo. 

¿Cuál es el papel de la mujer en el mundo editorial?

Creo que, como en otros ámbitos culturales, en el mundo del libro quizá haya más mujeres que hombres. Sin embargo, no tenemos los mismos cargos ni las mismas responsabilidades. Es cierto que hay grupos en los que hay mujeres en los altos cargos, pero veo que, en general, el resto de editoriales son capitaneadas por hombres. 

¿Por qué?

El impulso emprendedor le cuesta más a las mujeres: han destruido nuestra autoestima y lo vemos muy costoso. ¿Por qué estamos menos en las listas de premios o de subvenciones o becas o en las mesas redondas? Porque el canon es masculino, pero también porque las mujeres, de intentarlo y no conseguirlo, al final participan menos. Lo dan por perdido. Es un pescado que se muerde la cola. Nos cuesta más que nos tomen en serio, es como vivir dando codazos permanentemente. Es agotador.