Hay pocos escritores (de ambos sexos) españoles que sean más expresamente políticos que Belén Gopegui (Madrid, 1963). El paro, las hipotecas, escándalos financieros, el culto al dinero… son temas que afloran una y otra vez, con distintas caretas, en sus novelas.

La última de ellas, Existiríamos el mar (Literatura Random House), muy reciente todavía, narra la historia de cinco amigos adultos, tres mujeres, dos hombres, cuarentones todos. Todos deben compartir apartamento en Madrid dadas las precarias circunstancias socio-económicas a las que les ha abocado el devenir de la vida y sus empleos. Pero Jara, una de los cinco, parada desde hace tiempo, ha abandonado la casa sin avisar. 

¿Es capaz de situar el momento justo en el que la curva ascendente del bienestar social alcanzó su punto de inflexión y comenzó a destruirse lenta y paulatinamente? 

Hablar de bienestar social significa hablar de bienestar de quiénes. Si tomamos una perspectiva internacionalista, creo que, si bien ha habido algunos avances generales con respecto a esperanza de vida y poco más, esa curva ascendente no ha existido para muchísimas personas que siguen viviendo en condiciones de máxima explotación ni para otras, a veces las mismas, porque la destrucción ecológica interviene en su entorno de forma sangrante estropeando el agua, el aire, la salud, los alimentos, todo.

Si la pregunta se refiere a nuestro entorno, sucede también que muchas personas no han llegado nunca a conocer ese bienestar ni lo conocen ahora; entre quienes sí los conocieron, podríamos citar como uno de los puntos de inflexión la ley 15/97 que introdujo vías para la privatización de parte de la sanidad pública y dio alas a una idea de la eficacia según la cual lo “eficaz” no es cuánto se esté contribuyendo a mejorar la salud de las personas y a prevenir y paliar la enfermedad, sino cuánto beneficio económico se obtiene por la gestión de un centro. Desde entonces ha continuado la aplicación de la política de la Unión Europea de promover la liberalización de los servicios públicos con el consiguiente menoscabo del salario social, a lo que hay que añadir la crisis de recursos naturales y la desprotección de quienes menos recursos materiales tienen. 

¿Cree que buena parte de los problemas sociales que vivimos actualmente se deben a la falta de toma de conciencia de su lugar en el mundo de la clase trabajadora? Y me refiero a los que trabajan en la banca, en las oficinas, incluso los taxistas… 

Si se trata de analizar las causas de los problemas sociales, creo que están más en la parte vencedora, esto es, en quienes detentan una posición de ventaja obtenida con violencia. No siempre quienes detentan esa posición han ejercido la violencia, pero la han heredado y disfrutado y han trabajado para impedir que las leyes y su aplicación apoyen a quienes ocupan las posiciones sociales más vulnerables.

Después, sí, la literatura ha abordado la figura del capataz, o el “ayudante del verdugo”, como en la excelente novela de Mario Lacruz: el individuo que cree estar en el lado del opresor y no imagina que en cuanto deje de serles útil prescindirán de él en un segundo sin dudar. Como suelo decir, explotar siempre es gerundio, hay que estar explotando todo el tiempo, y el mecanismo de entregar pequeñas recompensas que calmen la rabia y permitan olvidar un poco la vida que se lleva es uno más de los que se utilizan para mantener ese gerundio, esa acción en constante proceso de ejecución. 

La revuelta sigilosa

Desde el principio, en sus novelas trataba de hacernos ver las trampas que se escondían en nuestra vida acomodada: estos lodos de precariedad venían de la corrupción y el culto al dinero, pero cuando la sociedad estalló, digamos “Podemos”, la implosión ha sido todavía más catastrófica… ¿qué es lo que cree que ha pasado para que fracase el conato de revuelta de desfavorecidos? 

Lo que estalló, creo, fue el 15 M, de él no sólo surgió Podemos, surgieron o crecieron, entre otras cosas, una actitud diferente y más interesada por la política de las personas jóvenes; se hizo explícita en multitud de organizaciones lo que el psicólogo Fernando Cembranos define como el proceso de sustituir la idea de debate por la de construcción colectiva y, sobre todo, se acabó con el fatalismo y se vio un camino posible hacia la transformación social. Son procesos que siguen vigentes aunque no ocupen las televisiones. La revuelta de las personas desfavorecidas está aquí, camina sigilosa pero nunca se detiene

¿Qué papel han desempeñado los intelectuales en esta situación? 

Distinguiría entre las personas intelectuales, digamos, orgánicas de los grandes medios de comunicación que, en su mayoría, han desempeñado un papel inútil, cuando no contraproducente, y las muchísimas personas que trabajan con la unión de pensamiento y acción, y que están ahí, en cada colectivo, aportan y seguirán haciéndolo. 

¿’Existiríamos el mar’ habría existido si Podemos no nos hubiera “traicionado” a los que anhelábamos el cambio?  

No comparto la idea de “traición” por parte de los dirigentes, creo que esa idea puede incurrir en cierto paternalismo según el cual las personas no tendrían capacidad de razonar y conocer y serían manipuladas por individuos capaces de instrumentalizarlas. Estimo que era fácil prever que Podemos no iba a “tomar el poder” con unos cuantos votos porque, entre otras cosas, el poder no está, sólo, en el Parlamento. 

La intención y la distancia

Se suele hablar de “forma y contenido”, pero poco de “tono”, que creo que es lo que usted más valora. ¿Cuánto cuesta encontrar el tono que demanda la novela? ¿Y cómo sabe que ese es el tono que demanda? 

Contenido y forma son las dos caras de la misma moneda; en cuanto al tono, es el dispositivo que incluye a quién te diriges, con qué intención, desde qué distancia. Se sabe si es o no el adecuado porque se ajusta a lo que se quiere decir y a quiénes se les quiere decir. 

Esto es FORBES, y hay que hablar de dinero: ¿cómo se relaciona con él, siendo la raíz de muchos de nuestros males? ¿Qué esperaba del dinero cuando empezó a escribir? ¿Qué espera ahora? 

El estar en FORBES me llama, sí, la atención, supongo que estoy aquí porque entre adversarios es preciso conocerse. el problema del dinero “es su procedencia; en un mundo más igualitario podría ser un instrumento para el intercambio, en nuestro mundo tener dinero suele indicar tener bastante o mucho dinero, y esa cantidad es el excedente que procede del trabajo ajeno no retribuido y que, por lo tanto, lleva consigo una violencia implícita o explícita, directa o diferida, según los casos. No espero nada de la herramienta como tal, creo que lo lógico sería que cada persona pueda mantenerse a sí misma sin explotar a las demás, y trato de contribuir a acercar ese horizonte.