Cristina Oria, es hija de los fundadores de las tiendas de regalo Musgo, que intentaban conseguir artículos únicos de todas partes del mundo. Desde los 16 comenzó a trabajar en aquellas tiendas en las campañas de Navidad para saber que el dinero no cae del cielo y ganarse un dinero extra.

Cristina estudió Administración de Empresas, trabajó en Banca y más tarde, para Bain, en consultoría estratégica, pero debido a unos problemas de salud tuvo que dejar el trabajo para poder recuperarse. Con 25 años aparece la oportunidad de irse a vivir a París, y decide tomarse ese año para aprender una de sus pasiones, la cocina. ¿Y dónde mejor que en la mejor escuela de cocina? Sin pensar en que después de aquella experiencia montaría algo de gastronomía pero resultó que su aprendizaje en Le Cordon Bleu le enganchó demasiado.

Lo que más le llamó la atención, en aquel 2008, era que en París había muchas opciones de comida para llevar a casa, packaging muy bonitos y productos gourmet más sofisticados que los que había por entonces en Madrid. Es cuando se da cuenta que en España hay un gran nicho de negocio y se lanza a emprender. Años más tarde, y con el negocio muy bien posicionado podemos decir, sin temor a equivocarnos, que sus platos estrella son sin duda el foie mi cuit a los 3 vinos con gelatina de Sauterne, con el que ganó el premio Madrid Fusión 2011 y la hizo famosa en el circuito gourmet. Aunque de cerca le sigue el bizcocho de limón o el roscón, que es tan demandado que tienen que alargar la temporada de producción. Empezando en octubre y acaba en marzo.

Cristina Oria, la empresa, que empezó con un obrador y hoy ya cuenta con un servicio de catering, tres restaurantes, tres tiendas y próximamente una finca en Morata de Tajuña, ha ido dando pequeños pasos. Escalando poco a poco y siempre probando las cosas que iban a funcionar o no antes de lanzarse a invertir. En su modelo, consideran primordial –y no es para menos– escuchar al cliente e ir creciendo según sus indicaciones. Buena parte de su éxito para seguir avanzando reside ahí mismo.

Dice que, sin duda, “lo más difícil en estos 10 años de andadura está siendo la situación creada por la COVID y todos los daños colaterales que ha provocado”. A pesar del impacto económico que causó y está causando, como al resto del sector, durante lo peor del confinamiento lideró una red de ayuda ante la crisis. Ellos tenían los medios (furgonetas, las mesas de catering y el obrador en ese momento parado) y el hospital de campaña de Ifema la necesidad. Empezaron haciendo, su marido y ella, croquetas, tortillas, empanadas… A raíz de la publicación de una fotografía en su cuenta de Instagram el proyecto fue creciendo en dimensión y capacidad de asistencia. Reverberado el mensaje por las redes sociales convirtió la iniciativa en un canal de asistencia de lo que se necesite y donde se necesite. Primero fueron los proveedores del propio catering los que respondieron con el envío de suministros. Después, particulares y empresas que empezaron a donar comida, material e incluso dinero.

Con la situación actual cada día es un auténtico reto y no puede hacer muchos planes a medio/largo plazo sino que debe reaccionar rápido ante las adversidades que pueden ir surgiendo por la Covid.

Poco a poco

Entre sus clientes habituales hay empresas y particulares de mucho renombre pero a Cristina Oria lo que de verdad le gusta es “ver a la gente contenta, recibir mails sobre que su evento que ha sido perfecto, y eso es en parte gracias a nosotros”, o cuando alguien sale feliz de un de sus restaurantes porque ha disfrutado mucho y ha sido un momento especial para ellos. Para toda esa gente es para la que le gusta cocinar.

En poco más de 5 años ha pasado de vender su famoso foie desde el obrador a gestionar un pequeño imperio compuesto por tres restaurantes, tres tiendas, el catering, próximamente abrirá una finca en Morata de Tajuña… Además de dirigir el grupo que lleva su nombre, por si no fuera poco y a la iniciativa en plena crisis, en el confinamiento ha producido un libro de recetas que ha visto la luz en noviembre. “Ha sido una experiencia muy bonita ya que es un libro home made”. Durante el confinamiento, Cristina cocinaba las recetas, su marido hacía las fotos y luego comían todo lo cocinado con los niños. Es un libro que se ha alejado de cualquier artificio. Tan es así que no han acudido a un estudio profesional de fotografía sino que, por estar confinados, han convertido el salón de su casa en un improvisado estudio y su menaje para emplatar en atrezzo del set. Además, en su recetario, se preocupa porque los ingredientes sean accesibles y estén en cualquier despensa o nevera.

Ahora, sus esfuerzos se centran en una finca en Morata de Tajuña. Un proyecto donde tiene planeado hacer eventos pero debido a que la licencia necesaria para operar se está demorando prefiere disfrutar, de momento, de las huertas que están plantando. Además, el terreno tiene 20 hectáreas de olivos donde hace su propio aceite. “No sabes lo que disfruto recogiendo verduras con mis hijos y mi marido”, nos cuenta. Recientemente, se ha mudado a una nueva nave de 1.200m² como centro logístico y ha remozado la web por completo. “Nuestro reto más inmediato es potenciar toda nuestra área online”

Su evolución ha sido de poco a poco, no ha habido una figura de inversor externo porque han funcionado reinvirtiendo desde sus propios beneficios. Los dos, tanto Cristina Oria como su marido, Álvaro Corsini, son emprendedores por naturaleza. Les encanta darle la vuelta a todo y desarrollar ideas nuevas todos los días. “No podemos parar quietos…”