Forbes Interview

Juan Eslava Galán (escritor): «La decadencia de Occidente va a suceder en tan sólo 50 años»

Filólogo de formación y catedrático de inglés en bachillerato de profesión, pero es en el ámbito de la divulgación histórica en el que el autor de La Guerra Fría contada para escépticos ha encontrado su auténtico nicho de mercado.

El escritor Juan Eslava Galán, fotografiado por Forbes España en su domicilio madrileño de la calle Mayor, el 21 de septiembre. (Foto: Pablo Lorente)

Cuando Juan Eslava Galán (Arjona, Jaén, 1948) ganó en 1987 el premio Planeta con En busca del unicornio (aquel año el finalista fue Fernando Fernán Gómez, con El mal amor). Filólogo de formación y catedrático de inglés en bachillerato de profesión, ésa fue la primera de sus numerosas novelas, pero es en el ámbito de la divulgación histórica en el que ha encontrado su auténtico nicho de mercado, con una obra extensísima en la que destaca su serie de Historia para escépticos. La Guerra Fría contada para escépticos, que Planeta publicó a finales de octubre, es, de momento, su última entrega: un repaso a los últimos 75 años de la historia mundial que explica, a grandes rasgos y con un estilo extremadamente sencillo de seguir, la caída de los imperios europeos y el advenimiento de un nuevo orden dominado primero por Estados Unidos y la URSS. y, actualmente, por EE UU y China.

¿Me equivoco si digo que este libro podría servir como manual de estudio en enseñanza secundaria?

Efectivamente, me enorgullece que algunos libros míos se usen en el bachillerato. No los escribo con esa idea, sino con la de ofrecer una visión general para el gran público. Y escribo siempre para el gran público y con la idea de que sea atractivo para el lector moderno.

Destaca que la II Guerra Mundial provocó la caída de los imperios históricos europeos y dio origen a la Guerra Fría. ¿Habría que cambiar el adjetivo dado que esos nuevos imperios: EE UU y la URSS, no han dejado de guerrear?

Sí, estaban guerreando, y el hecho de que fueran potencias atómicas lo decidió todo. Pero en vez de enfrentarse directamente lo hacían por otros medios, no con las armas. Lo que hicieron muy astutamente fue enfrentarse a través de terceros: en todas las guerras intervenían ellos, ayudando a un bando o a otro. El comunismo estaba llamado a fracasar, porque es una especie de evangelio que no se puede aplicar a la humanidad, porque somos como somos. El fracaso del comunismo, que estaba radicado sobre todo en la URSS, se produjo porque tenían que competir en todo con los EE UU… Y, obviamente, los americanos son mucho más ricos. Para competir, los soviéticos tuvieron que abandonar todo lo que es el consumo y el progreso del pueblo para destinar todos sus recursos al armamento. Y claro, por ahí se terminaron arruinando a la postre, aunque yo creo que la URSS se habría hundido igualmente. La carrera armamentística sólo hizo que se adelantara su ruina.

Comparado con sus predecesores, ¿tenemos la peor generación de políticos de los últimos 50 años?

Sin duda. Y es por una razón: la incultura. Son absolutamente incultos, no saben nada. Por ponerte el ejemplo de España, el PSOE tiene una especie de «escuela de juventud» donde se forman los políticos, y el PP, lo mismo. Los ambiciosos que quieren escalar salen de ahí. No saben nada y nunca han trabajado para tener una nómina. No saben absolutamente nada más que ser políticos. Y esto ocurre en todas partes. El único país que se podía salvar, a lo mejor, era EE UU, porque al principio se buscaba que sus políticos –sobre todo los que deciden realmente, que son los senadores; las decisiones más importantes tienen que partir del Senado– tuvieran experiencia laboral en el sector privado. Es decir, que hubieran dirigido fábricas, que conocieran el mundo real. Ahora tampoco se puede aplicar al actual presidente que es un pamplinas, que todos los días dice una barbaridad. Mientras tanto, decide el Senado, que está formado por una serie de lobbies de influencia, que es, al fin y al cabo, la esencia del capitalismo.

Con la pérdida de poder de la URSS y su heredera Rusia, ¿qué papel juega China en esta prolongación de la Guerra Fría?

EE UU sabe que tiene perdida la partida contra China. Pekín ha encontrado el encaje para ser la “potencia perfecta”, que consiste en juntar la parte que les conviene de lo que dicta el Partido Comunista –un partido único en el que nadie tose, ni habla de democracia ni hostias– y, al mismo tiempo, ser un país absolutamente capitalista. Se han quedado con lo que más les favorece de estos dos mundos. Con la ventaja añadida de que además apuestan decididamente por el progreso tecnológico: tienen más ingenieros que nadie y están más motivados que nadie para alcanzar sus objetivos.

En el libro habla de un restaurante chino de su barrio en el que ve al hijo de los propietarios hacer los deberes completamente entregado a “la causa” con el local lleno de clientes.

No existe ese restaurante, sólo está en mi imaginación. Pero me baso en que tengo amigos profesores de primaria y de bachillerato que me dicen que cuando tienen dos o tres alumnos chinos en clase, el nivel del curso entero sube. Son como hormiguitas: desde pequeños los han enseñado a trabajar. Nosotros, por desgracia, pertenecemos a una generación completamente equivocada. Nuestros padres, estoy hablando de mi generación, como vivieron tantas dificultades en la posguerra, no quisieron que sus hijos tuvieran que pasar por lo mismo. Nos han consentido, no nos han inculcado el sentido del trabajo. ¡Y no digamos ya los hijos de los hijos! Es decir, mis nietos, que están completamente perdidos y lo único que saben hacer es consumir y consumir. Yo tenía un amigo judío que era hijo del dueño de una cadena de grandes almacenes en EE UU y me contaba que cuando tenía diez años si le pedía 10 dólares a su padre se los daba, pero también le decía que fuera a la tienda de la calle 29 y pasara el aspirador por la sección de deportes… El niño sabía que antes de gastárselo tenía que ganárselo. Eso era una educación. Ahora no, ahora les damos todo lo que nos piden y, por lo tanto, no tienen sentido del trabajo. Esa es la decadencia de Occidente, que se parece mucho a la de Roma. La diferencia es que la decadencia del Imperio Romano ocurrió en un par de siglos. Y la nuestra va a suceder en 50 años. La parte positiva, con respecto a China, es que en los años 50 compraban en Alemania una lavadora de la mejor marca, se la llevaban, la desarmaban y la copiaban, pero en una calidad inferior. Hace poco, sin embargo, seguían haciendo lo mismo, pero las copias ya eran de una calidad superior, a lo que hay que añadir que nos superan también en inventiva. Ése es el río de la historia, que nos arrastra.

Conociendo la historia, ¿cree que el futuro se puede predecir?

Absolutamente. Un historiador árabe, Ibn Jaldún, definió que la historia es cíclica y que las cosas vuelven a pasar, como sucede en las familias: el abuelo hace la fortuna, el padre la mantiene y el nieto la dilapida. Eso ha pasado con el imperio español, con el imperio francés y con el británico, y ahora está pasando con el estadounidense. Hay que aceptarlo, esto es lo que hay. Nos están ocupando los pueblos que envidian lo que ven a través de la televisión y la publicidad, que le muestra al Tercer Mundo una sociedad de consumo cojonuda. Y vienen con toda la esperanza. Habib Bourguiba, el presidente de Túnez entre 1957 y 1987, hizo una profecía: “A Europa la volveremos a conquistar por los vientres de nuestras mujeres”. En las últimas elecciones, en Suecia, los musulmanes han decantado el sentido del voto final. Ya sabemos cuál es el futuro de Europa.

El libro, que lo terminó el 28 de febrero de este año, acaba con un apéndice dedicado a Marruecos. ¿Anticipaba ya las tensiones geopolíticas con nuestros vecinos?

Quizá tuve una intuición y el libro lo acabo, efectivamente, con un capítulo muy largo titulado “Lo nuestro con Marruecos”, donde hago un repaso general de nuestras relaciones con Marruecos. Desde que existe como reino, las diferentes administraciones de EE UU siempre han estado de su parte. Hay que tener en cuenta que el primer país que firmó un tratado con EE UU fue Marruecos, a finales del siglo XVIII. Es decir, que si nosotros tenemos un problema con ellos, los norteamericanos siempre se posicionarán a favor de Marruecos. Y hay otro capítulo final que le dedico a África, donde digo que la única solución, según mi parecer, sería que en África se volviera a producir una especie de “neocolonialismo”, en el que cada país de Europa se hiciera cargo nuevamente de las que fueron sus colonias. Obviamente no para regresar a la esclavitud, sino para crear fábricas, hacer carreteras, hospitales, escuelas… y establecer un porcentaje razonable de la ganancia del país. África es, con mucha diferencia, el continente más rico del mundo. Pero está sin explotar. Y cuando se ha intentado establecer allí la democracia, solo han salido dictaduras de criminales y ladrones. Por eso, África es un desastre y sus habitantes se vienen hacia acá. Yo abogo por un tipo de “neocolonialismo respetuoso”, que redundaría positivamente para Europa, que no tenemos materias primas, y para los africanos, pues se resolvería su problema y ya no vendrían en oleadas. Pero, claro, ¿quién se pone de acuerdo? Mientras tanto, en China lo han visto claro y ya se están quedando con todo aquello.