¿Hay diferencias entre los niños que se crían con una pareja del mismo sexo? ¿A qué edad deberían tener su primer móvil? ¿Cómo actuar frente a un hijo que hace bullying? ¿Cómo es posible que hermanos criados en una misma familia sean tan distintos? Todas estas preguntas y alguna más ha respondido esta tarde la psicóloga Ana Aznar (Madrid, 44 años), que ha presentado su libro Educar también es decir no: cómo poner límites a tus hijos con amor (Ed. Vergara) en Forbes House. Lo ha hecho en uno de los salones del club, frente a una audiencia entre la que estaban su madre, la ex alcaldesa Ana Botella. Su hermano Alonso llegó junto a su mujer, la mexicana Renata Collado, al final de la charla para mostrar apoyo a Ana.

Ana, que vivió en Londres muchos años, ha desarrollado su carrera docente e investigadora en universidades del Reino Unido como University of Surrey y University of Winchester. Actualmente es profesora (Lecturer in Psychology) en John Cabot U de Roma, ciudad donde vive desde hace tres años, a la vez que lidera REC Parenting, una plataforma digital de apoyo psicológico en las distintas etapas de la crianza, que ha fundado junto con su marido.
El matrimonio lleva unido desde 2002, cuando se casaron en El Escorial, y juntos son padres de cuatro hijos: Alejandro, de 21 años; Rodrigo (20) Pelayo, (18) y Alonso, (15). Además de sus estudios de psicología, su experiencia como madre le ha ayudado a escribir este libro, según ha confesado durante la charla con Vera Bercovitz, Head of Content de Forbes Women. “Mi editor leyó una entrevista que hice, le gustó lo que contaba y decidió ofrecerme escribir este libro. He escrito mucho desde lo académico sobre estos temas, y hacer algo tan divulgativo me atraía mucho”, reconoció la psicóloga.
Sobre el peso que ha tenido en este libro su experiencia como madre frente a su faceta profesional, Ana despejó dudas. “Lo he escrito como psicóloga, basándome en la evidencia científica por completo”, afirmó no sin conceder que, en ocasiones, “la teoría sale por la ventana cuando llegas agotada a casa y te encuentras a niños que se niegan a hacer lo que les dices”.

Durante la charla, Aznar compartió reflexiones sobre sus propias vivencias criando a cuatro niños. La más significativa, que con el primer hijo se pretende hacerlo todo “como de libro”, pero con el cuarto se aprende “que no tiene que ser todo tan rígido”. “También te ayuda a ver los contrastes, porque es imposible educar igual a un niño a pesar de que sea en el mismo entorno. Cada uno viene con su temperamento y también convive con tus propias circunstancias personales. Nos preocupamos mucho por cómo influimos en los hijos, pero no hablamos tanto de cómo influyen en nosotros como padres”.
Preguntada sobre ejemplos concretos a los que se había enfrentado como madre, la autora se mostró prudente a la hora de compartir vivencias relacionadas con su intimidad familiar. “Estoy intentando con la promoción de este libro, que es algo muy difícil de hacer, proteger la intimidad de mis hijos. Con las redes sociales estamos viendo a niños en situaciones muy íntimas que dan mucho que pensar. Creo que tenemos una reflexión pendiente sobre la intimidad de los niños, y por eso procuro no hablar de mis hijos”, explicó Aznar, que conoció siendo una adolescente lo que es la exposición en medios de comunicación de primera mano, especialmente durante la etapa que su padre José María Aznar ocupó la presidencia del gobierno, entre 1996 y 2004.

Sobre el acceso de los menores de 16 años a redes sociales y las medidas para limitar su uso, la psicóloga manifestó su conformidad, pero pidió más estudios y no dejarse llevar por impulsos. “Como principio general, me parece que cuanto más tarde lleguen los niños a las redes sociales, mejor. En Australia ya está impuesto su restricción a menores de 16 años, está en trámite en Reino Unido y Francia, así que no me parece mal. Lo que hay que plantearse es por qué queremos limitar ese acceso. Los estudios aún no están encontrando que haya una relación entre salud mental y redes. Si me dices que mi hijo se pasa dos horas viendo porno y contenidos muy violentos, entiendo el efecto. No tanto si el niño está jugando una hora con tres amigos al FIFA. El debate es simplista, limitar el acceso hasta los 16 da una seguridad ficticia a los padres… Como sociedad, tenemos que educarnos para la vida digital. La pregunta es si estamos preparados padres e hijos para emplearlas”.
Bajo la atenta mirada de su madre, Ana Botella, que estaba en primera fila, agradeció la forma en la que la habían educado tanto ella como su padre. “He tenido mucha suerte y creo que estoy educando a mis hijos de forma muy similar a como me educaron a mí. Incluso en los posibles errores y desacuerdos con ellos, creo que tenemos que mirar a los padres con compasión y empatía, entendiendo sus equivocaciones porque lo han hecho lo mejor que han podido”.
Vera Bercovitz le recordó a la autora que se casó con su pareja, Alejandro Agag, a los 20 años, una edad que para algunos puede resultar temprana para un compromiso así. “¿Qué le dirías a un hijo tuyo que quisiera casarse a esa edad?”, le preguntó la periodista de Forbes Women. “Le diría que ni hablar, porque no estoy preparada todavía para que se casen. Espero que no me lo pregunten aún”, contestó entre risas.

Atendiendo una pregunta de uno de los asistentes, Ana también habló sobre la incidencia de los diferentes tipos de familia en la educación de los hijos. ¿Cómo afecta que un niño sea criado por parejas del mismo sexo o padres y madres en solitario? “Los estudios dicen que no hay diferencias entre hijos educados por diferentes modelos de familia. Importa la calidad de los afectos, no la estructura de la familia. Sí se ve que los hijos criados por parejas del mismo sexo sufren un estigma social. Pero que los niños tengan que enfrentarse a algo de estrés en su vida es bueno también, cada uno va a tener diferentes factores de estrés. Además, a medida que algo va siendo más habitual ese estigma social desaparece”.
Ana contestó a más cuestiones que preocupan a padres y madres frecuentemente, como el bullying, la menor tolerancia al esfuerzo de las nuevas generaciones, la supuesta epidemia de salud mental o también las dificultades para educar en familias con padres separados. También la tendencia actual a diagnosticar cualquier comportamiento de los niños y niñas. Ante eso, recomendó mesura y calma. “Se diagnostica mucho altas capacidades, quizás antes poco o nada. Lo que queremos es que el hijo esté estimulado, contento y adaptado en el colegio, tampoco hay que volverse loco. Como estamos criando de una manera tan intensiva a veces lo que hay que recomendar es no hacer nada”.
