Si hay una pregunta que recorre España, como mínimo la España más política pero también la cabeza de muchos de sus ciudadanos, es la de cuándo se celebrarán las próximas elecciones generales que tiene que convocar, como le corresponde, el presidente del Gobierno. «Ni siquiera el propio Sánchez tiene tomada la decisión, aunque ya maneja varios escenarios con su núcleo duro», decía este martes el sociólogo y presidente de la demoscópica GAD3, Narciso Michavila, durante un encuentro sobre perspectivas electorales en Forbes House.
Si antes del verano Michavila apostaba por el 7 de marzo, explicaba, ahora su previsión es distinta: «Sé que voy en contra del criterio mayoritario, pero creo que nos están preparando para julio. Si tuviera que apostar, lo haría por el 18 de julio«. Descartó, en cambio, que el Gobierno se vaya a arriesgar a celebrar un «superdomingo» que junte las generales con las municipales y autonómicas de mayo, porque cree que esta posibilidad perjudicaría a los alcaldes y presidentes autonómicos socialistas, cuyo desgaste es mayor que el de «la marca Sánchez». Para el experto en encuestas, la polarización explica que hoy la marca personal del presidente valga más entre su electorado que la del propio PSOE.
Preguntado por el periodista de ABC Chapu Apaolaza, que ejercía como entrevistador del acto, sobre qué tendría que pasar para que Sánchez pudiera volver a gobernar tras las próximas elecciones, Michavila respondía con una serie de condiciones poco probables: una es «que Junts mantenga sus siete escaños porque, por ejemplo, Aliança Catalana no se presente; o que, si los pierde, se los quede Esquerra, que forma parte del mismo bloque».

Fundamental sería, también, que el espacio a la izquierda del PSOE, básicamente Sumar y Podemos, lograse presentarse unido, algo que no ve sencillo. «Es fácil ponerse de acuerdo cuando vas a heredar; cuando lo que vas a repartir es miseria, no te pones de acuerdo», resumía. En cualquier caso, y contra lo pronosticado por el CIS estos días, lo que ve ahora mismo imposible es «que el PSOE esté por encima del Partido Popular».
Aun así, Michavila defiende que Sánchez juega otra partida: sacrificar el Gobierno para dejar un PSOE hegemónico dentro de la izquierda, evitando el destino del PASOK griego o del socialismo francés, devorados por su flanco izquierdo, como en su día estuvo a punto de pasarle a su propio partido con Podemos. «Le ha regalado ocho años de gobierno a su partido y va a dejarlo con poco poder, con la izquierda destrozada, pero hegemónico en su campo». Al actual presidente también le reconoció su buena imagen internacional: «En muchos de los temas de política exterior ha acertado».
Un PP a la baja y una derecha al alza
Mirando a la derecha, Michavila apunta una paradoja en relación con los resultados del PP: Feijóo «podría sacar peor resultado que en 2023 —entonces fueron 137 escaños— y aun así su bloque ganaría de largo», porque aunque el PP pierda peso relativo, la derecha en su conjunto está en máximos históricos. La duda ante la convocatoria electoral será ver, dice, «qué curva sube, si la azul o la verde», en referencia a la candidatura popular y a la de Vox.
Si Vox está creciendo, opina, es porque antes le penalizaba presentarse como alternativa enfrentada al PP. Captaba voto de protesta, pero muchos electores de derechas tenían miedo de que esa estrategia favoreciese a la izquierda. Desde que pacta y gobierna con los populares, incluso en lugares donde no se contaba con ello, como Andalucía, y han desaparecido las amenazas de ruptura, «se le ha quitado el tapón».

Niega Michavila que haya una barrera al traspaso de votos desde sectores moderados del PSOE a un PP que «está captando más de medio millón de votos socialistas», según sus cálculos, aunque reconoce que, una vez que se ponga en marcha la campaña, esas bolsas de voto pueden variar. Preguntado por la tesis del lawfare que agitan algunos miembros del Gobierno, cree que denunciar sistemáticamente a «los jueces» como perseguidores, al estilo de Trump o Berlusconi, puede pasar factura al PSOE entre sectores de votantes que respaldaron en su día la moción de censura al PP por hartazgo ante la corrupción, y que hoy están «superescandalizados» con los casos que salpican al Gobierno.
Ayuso, sin mayoría segura
Pero no serán solo elecciones generales las que se celebrarán el próximo año (o al menos, «este curso») en España, sino también autonómicas y municipales. Preguntado por el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, Michavila tiene muy claras las cifras del Ayuntamiento, donde Almeida «sube un concejal» respecto al resultado anterior, independientemente de que cambie o no el número total de ediles. Con Ayuso es más cauto: «Lo normal es que tenga mayoría absoluta, pero puede que no«.
Preguntado por los grandes temas de actualidad que podrían ser decisivos de cara a unas elecciones, sitúa la crisis migratoria de Ceuta en la lógica de los ciclos de indignación mediática: «Dentro de un mes ya no va a estar presente en los medios, porque al final las audiencias nos cansamos». No se explica la reacción gubernamental a la crisis migratoria y cree que el Estado tiene herramientas de sobra para «hacerse respetar» sin necesidad de buscar el choque con Marruecos, y denuncia que el CIS incluyera en su último barómetro una pregunta sobre «terceras potencias» envueltas en la crisis, que interpreta como un test para comprobar si el relato oficial había calado en la opinión pública.

Michavila relativiza también el efecto electoral de la ley de nietos, que tanto debate ha generado en las últimas semanas: «El impacto es muchísimo menor del que están diciendo los medios», asegura. Pero eso no quiere decir que el Ejecutivo no lo hiciera con la intención que se está denunciando desde la oposición: «La reacción del Gobierno y de todos los que le están apoyando, su visceralidad y sus argumentos para defenderla, me hacen creer que, efectivamente, había una intencionalidad clara de hacer un gerrymandering [en términos de ciencia política, la alteración de las circunscripciones y censos con intencionalidad electoral] gigantesco».

