La caída de las bolsas empieza a descontar una crisis económica que parece, casi, irremediable. La reapertura de 2021 se ha convertido en la recesión de 2022 debido a que los bancos centrales han tardado en iniciar el ciclo de subidas. Al menos es lo que parece sobre el papel viendo la evolución de la actualidad.

También, como consecuencia de su interpretación errónea de la inflación como algo transitorio se han quedado muy por detrás de la curva. “Para evitar la pérdida de reputación, están impulsando el endurecimiento de las políticas monetarias justo cuando las perspectivas de la inflación están retrocediendo”, analizan Aneeka Gupta, directora de materias primas y análisis macroeconómico de WisdomTree, y Pierre Debru, responsable de Investigación Cuantitativa y Soluciones de Multiactivos de la misma casa.

Aunque parece que la inflación subyacente, que excluye alimentos y precios de la energía, está mostrando signos de recuperación, parece improbable que se desacelere, lo que allana el camino para nuevas subidas de tipos. Con estos mimbres, este plan de endurecimiento está ralentizando la economía mundial y aumenta la probabilidad de una recesión. ¿Cómo se puede configurar una estrategia de inversión partiendo de esta premisa que sería casi inevitable?

Dado que los riesgos de recesión en las economías están creciendo, pero con un periodo de tiempo e intensidad inciertos, los inversores deben tener cuidado con las asignaciones a la renta variable. “En los mercados inestables, cuando los escenarios contradictorios son posibles, la construcción de cartera es fundamental”, dicen Gupta y Debru.

El objetivo debe ser construir carteras versátiles que puedan adaptarse a los constantes cambios en las condiciones del mercado y que sean resilientes de cara a eventos inesperados. En otras palabras, carteras que, pese a tener una orientación defensiva, también puedan beneficiarse en las subidas del mercado.

Atender a la macroeconomía

La guerra entre Rusia y Ucrania ha agudizado la crisis energética, lo que ha disparado la inflación global. La incertidumbre por la guerra y el descenso de los ingresos reales están haciendo mella en los consumidores de todo el mundo.

Mientras, en Europa, la probabilidad de recesión se ha elevado al 50% en los próximos seis meses. Estimamos que habrá dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo a partir del segundo semestre de 2022. Es probable que el Banco Central Europeo (BCE) intensifique la subida de los tipos de interés, lo que llevará al 1% el tipo de referencia antes de final de año.

Con todo, la recesión que se avecina en la eurozona, junto con las dudas sobre la viabilidad de la deuda deberían impedir que el BCE vaya más allá de la normalización inicial, manteniendo los tipos de interés en 2023.

En Estados Unidos la dinámica económica actual parece compatible con una recesión. Las nóminas de empleo de junio aumentaron en 372.000, superando las expectativas, mientras que la inflación se incrementó de manera generalizada en un 9,1% durante dicho período. Los datos de inflación harán que la Fed mantenga una política agresiva para controlar la demanda, a pesar de que la tasa de desempleo sigue siendo baja: 3,6%. Por lo general, cuando la inflación trimestral media supera el 5%, la probabilidad de que haya una recesión en los dos años siguientes es superior al 60%.

Desde 1955, nunca ha habido un trimestre con una inflación media superior al 4% y una tasa de desempleo inferior al 5%, sin que haya sido seguido por una recesión en los dos años siguientes. En el primer trimestre de 2022, la economía estadounidense se redujo a una tasa anual del 1.6%, lo que indica que podría darse la definición técnica de una recesión.

La opción más correcta

Tradicionalmente, las acciones defensivas como las de volatilidad mínima o las de servicios públicos (utilities), suelen tener una fuerte capacidad defensiva en forma de baja volatilidad y una caída menor. Sin embargo, también muestran un potencial de subida limitado en los mercados con tendencia al alza.

“Esto hace que para el éxito de esta estrategia, sea primordial determinar apropiadamente el punto de entrada y salida”, aseguran Gupta y Debru. Pero obviamente esto es muy difícil. Los factores como la calidad y el alto dividendo, por el contrario, ofrecen un perfil más equilibrado de riesgo/beneficio, que permite una mayor versatilidad. Aunque de algún modo mantienen su carácter defensivo, también pueden detectar la subida de mercado de manera muy eficiente.

“Creemos que una estrategia de calidad correcta es la piedra angular de una cartera de renta variable”, relatan los expretos. Las empresas de alta calidad tienen un comportamiento “a prueba de todo” capaz de lograr un equilibrio entre la creación de riqueza a largo plazo y la protección de la cartera durante las recesiones económicas.

En esta línea, una inversión centrada en la calidad podría proporcionar carteras resilientes que ayuden a los inversores a generar riqueza a largo plazo y a sobrellevar las inevitables tormentas que se interponen en el camino. “Esto hace que la calidad sea una candidata idónea para una inversión núcleo, estratégica y a largo plazo en renta variable”, concluyen.