Se suavizó la pandemia y sus efectos gracias a la llegada de la vacuna, pero cuando creíamos que nos librábamos de más sustos llegó el miedo a la inflación que agitó en determinados momentos los mercados; más tarde, a finales del año pasado especialmente, llegó la propia inflación (y llegó de verdad). Y por si fuese poco ver cómo cada vez teníamos que apretarnos más los cinturones llegó Putin. E invadió Ucrania. Las secuelas serán devastadoras, no sólo a nivel humanitario sino a nivel económico global. Los mercados financieros están igual o más agitados que durante la pandemia. Muchos activos de hecho cotizan en niveles cercanos a aquellos suelos de marzo de 2020. El CFD (contrato por diferencia) sobre el índice del miedo (el VIX, que mide la volatilidad del mercado) ha llegado a revalorizarse hasta un 15% en una sola sesión algunos días en febrero, y más de un 50% en total en apenas un mes. Otros activos están sufriendo los impactos de la guerra, como el oro (que cotiza en máximos de 2.000 dólares la onza), el dólar (1,08 frente al euro) o muchas materias primas, como el trigo, el paladio y las energéticas.

Respecto a estas últimas, la invasión de Rusia a Ucrania ha vuelto a abrir los frentes sobre la dependencia energética de Rusia de muchas regiones del mundo. Un dato: en Europa el gas ruso representa un 40% de las importaciones de gas natural. Esta dependencia es especialmente fuerte por parte de Alemania. Estos datos han hecho plantearnos (de nuevo) si estamos en el camino correcto y volvemos a tener encima de la mesa las energías renovables —así como la nuclear— con un escenario de fondo de precios del crudo cercanos a los 130 dólares por barril (lo que representa una escalada de casi un 100% en los precios desde diciembre de 2021).

El 7 de marzo EE UU anunció la prohibición total de importaciones de Rusia tanto de crudo como de gas y carbón. Teniendo en cuenta que Rusia es el tercer mayor productor de crudo del mundo los precios se incrementarán aún más al excluirlo de la ecuación a nivel mundial. Aunque Estados Unidos no es uno de los grandes importadores, otros compradores harán lo propio, como Gran Bretaña, así que unido esto a la situación y a las interrupciones de transporte en el Mar Negro, los precios subirán aún más. Algunos analistas han mencionado previsiones de precios como los 200 dólares el barril. Suena imposible. Pero también sonaba imposible ver los precios en negativo, y fuimos testigo de ello durante el lock down, debido a que, con el parón en EE UU durante la pandemia, no había espacio (literalmente) para almacenar el crudo sin utilizar. En aquellos momentos históricos, se comentaba: “Qué más nos queda por ver”. Pensar en precios de 200 dólares el barril ahora no suena como algo real —sería superar máximos de 2008 (los 147)—, pero viendo todos los acontecimientos de los que estamos siendo testigos, quizá no hay que descartar la posibilidad. La diferencia con aquella crisis de 2008 es que, en aquel momento, el dólar estaba en su momento más débil lo que hacía que el crudo fuese más barato al cambio, e impulsaba la demanda. Sin embargo, la situación actual es bien distinta, ya que estamos en un escenario de subida del precio y encarecimiento del dólar. Para qué queremos más.

A parte de la energía también tenemos a las materias primas alimenticias, cuyos precios impactan directamente en nuestra cesta de la compra. Ucrania es uno de los mayores productores de aceite de girasol del mundo. Al pararse la producción se dispararon los precios de otros sustitutos, como el aceite de soja. El CFD de aceite de soja se ha revalorizado más de un 20% en el último mes.

Igual que la soja, otras materias primas comenzaron (o continuaron) su rally, como el arroz o el paladio. En el caso del paladio, Rusia es el mayor productor mundial y se utiliza en muchos procesos industriales, entre ellos en la fabricación de los famosos chips —los cuales ya escaseaban desde la pandemia— que se utilizan en infinidad de aparatos que usamos en el día a día, desde una lavadora hasta el móvil. La conclusión: esto elevará de nuevo los precios.

Si ser catastrofistas todo esto nos lleva a que parece que la inflación va a quedarse instalada en la economía durante un tiempo, desde luego superior al que hubiésemos firmado en diciembre del año pasado. Si además se va a frenar el crecimiento, cosa que es lógica en un escenario como el actual, el conjunto de circunstancias nos lleva a la posibilidad de una estanflación (subida de precios, pero no de crecimiento, por tanto, no de salarios). Es pronto desde mi punto de vista para dictaminar si llegará la estanflación, pero créanme, la posibilidad ya está encima de la mesa.

Y mientras observamos atónitos el conflicto, los inversores más activos en el mercado buscan cubrir sus carteras, para neutralizar las caídas con las subidas en todos estos activos (oro, paladio, crudo, trigo, soja, volatilidad…), en los cuales se puede invertir a través de productos derivados. Los menos activos tendrán que esperar, o cerrar posiciones con pérdidas. A muchos les habrán saltado los stop-loss, lo que en realidad es casi una buena señal en los tiempos que corren.

Con todo este panorama sólo nos queda esperar, cuanto antes acabe el conflicto menos grave serán las consecuencias y más disminuirá la posibilidad de vernos obligados a lidiar con la estanflación.

*Sara Carbonell Suárez-Ibaseta, Directora general CMC Markets España