El año 1982, Lonnie Johnson, el primer afroamericano que entró a trabajar en la NASA, andaba embarcado en un sistema de refrigeración con agua (en lugar de clorofluorocarbonos) para la Misión Galileo, la nave no tripulada enviada para estudiar Júpiter y sus lunas.

Jugando con uno de sus prototipos acabó desarrollando una pistola que lanzaba agua. La empleó por primera vez en una reunión de la NASA, para romper el hielo, y gustó tanto la idea que la comercializó.

El modelo evolucionó hasta derivar en 1990 en la Super Soaker, de la que se vendieron 20 millones de unidades aquel verano. Desde entonces se han lanzado más de 170 modelos que han recaudado más de mil millones de dólares.

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