La revista abordaba con todo lujo de detalles lo que ya despuntaba como una industria destinada a mover millones de dólares.

‘El negocio de los trapitos’, titulaba en portada con un acertado sentido de la ironía de cara a los que nunca habían querido ver en la moda más que un ‘asunto de mujeres’ que difícilmente podría alcanzar el parqué de Wall Street. Junto al auge de jóvenes diseñadores que irían ganando presencia con los años, también el mundo de la publicidad comenzaba a advertir la fuerza de los textiles, con un aumento de páginas de esta temática en todo tipo de publicaciones más allá de las femeninas.