Bob Parsons conduce su carrito de golf por el sinuoso camino de tierra seca del campo de golf que construyó en el desierto de Sonora, en Scottsdale, Arizona, esquivando lagartos, conejos y enormes cactus saguaro.
Se detiene cerca del noveno hoyo, llamado Catfish, que domina un lago artificial y está rodeado por tres millones de acres de terreno protegido. Parsons gastó cientos de millones de dólares en desarrollar y renovar Scottsdale National, que cuenta con dos campos de 18 hoyos y el «Bad Little Nine», un exigente recorrido de nueve hoyos de par tres.
Señala el centro del lago, donde hay una pequeña caseta negra con las palabras «Suggestion Box» («Buzón de sugerencias») pintadas de blanco. «Este es un lugar maravilloso para poner un buzón de sugerencias», dice a Forbes Parsons, de 75 años. «La ranura está pintada. Supongo que podrías intentarlo».
Al fin y al cabo, Parsons no se convirtió en multimillonario siguiendo las sugerencias de los demás. Construyó su fortuna gracias a un ritmo de trabajo implacable, llegando a trabajar a menudo más de 60 horas seguidas.
En 1994 vendió su primera empresa, Parsons Technology, dedicada al desarrollo de software de finanzas personales y tributación, a Intuit por 64 millones de dólares —unos 165 millones actuales—. En 1997 fundó el registrador de dominios GoDaddy y en 2011 vendió una participación del 71% por 2.300 millones de dólares, equivalentes a unos 3.400 millones actuales.
Actualmente cuenta con ocho empresas bajo YAM Worldwide —acrónimo de You’re a Mess—, entre ellas Scottsdale National, una cartera inmobiliaria con tres millones de pies cuadrados de centros comerciales, una productora de vídeo, una empresa de fabricación de metales, una cadena de concesionarios de motocicletas —incluido el mayor concesionario Harley-Davidson del mundo, que cuenta con una capilla para bodas, un estudio de tatuajes y una pequeña sala de cine—, su compañía de equipamiento de golf PXG, un fondo de cobertura y otras empresas.
«Cumpliré 76 años en noviembre y no tengo intención de parar», afirma Parsons, cuya fortuna asciende a 4.100 millones de dólares. «Cuando pare, mi apodo será “Mumbles”. Simplemente me gusta estar en el juego. Esto es lo que hago».
Es un hermoso día de verano, con temperaturas de unos 38 grados Celsius, y solo hay tres grupos de jugadores en el campo. No es casualidad.
Cuando Parsons compró en 2013 el entonces deteriorado Golf Club of Scottsdale por 600.000 dólares, tenía demasiados socios y conseguir una hora de salida requería planificación y habilidad. Parsons invirtió más de 300 millones de dólares en rediseñarlo y ampliarlo, incluso utilizando explosivos para derribar montañas y nivelar el terreno. Llegó a emplear tanta dinamita que, según él, habría bastado para «abrir muchos túneles en Vietnam».
Parsons estuvo destinado en Quảng Nam, Vietnam, con los Marines en 1969, y posteriormente comunicó a los socios que aumentaría la cuota de entrada y realizaría otros cambios.
Para 2017, la cuota de entrada rondaba los 150.000 dólares, una cifra que no estaba fuera de línea con la de otros campos privados de primer nivel. El año pasado, esa cantidad llegó a 1 millón de dólares, además de 80.000 dólares anuales en cuotas.
No muchas personas pueden permitirse un club así, y la prueba es que Scottsdale National solo cuenta con unos 155 socios. Esto significa que no hace falta reservar hora para jugar: el campo está prácticamente vacío todos los días. Y esa cuota de entrada seguirá aumentando.
«La subiré», afirma Parsons. «Todavía no he decidido cuánto, pero cuando lo haga, llamará la atención».
Llamar la atención ha sido fundamental para el éxito de Parsons. GoDaddy se convirtió en un nombre conocido por sus provocadores anuncios de la Super Bowl.
En 2005, durante la Super Bowl XXXIX, GoDaddy emitió un anuncio protagonizado por la exmodelo de Playboy Candice Michelle, que parodiaba el famoso «fallo de vestuario» de Janet Jackson durante el espectáculo del descanso del año anterior. Después de emitirse el anuncio y estallar la polémica, la cuota de mercado de GoDaddy pasó del 16% al 25%.
Al año siguiente, Parsons lanzó otro anuncio de alto voltaje con la piloto de NASCAR Danica Patrick, que jugaba con la insinuación de desnudos.
GoDaddy, una empresa que vendía algo «tan interesante como el serrín», según Parsons, alcanzó el éxito gracias a sus anuncios virales.
«Recibí muchos golpes por ellos», dice Parsons, «pero no me importó. Me reí de camino al banco».
Pero no todo fue siempre divertido para Parsons. Creció en East Baltimore, en un hogar caótico. Su padre era vendedor de muebles y pasaba gran parte de su tiempo libre apostando a los caballos en el hipódromo de Timonium. Su madre, de gran agudeza mental pero inestable, era aficionada al juego en los salones de bingo de Baltimore.
La escuela tampoco fue fácil. Parsons suspendió quinto curso, aunque de alguna manera evitó repetirlo. Apenas terminó el instituto en 1968 y se alistó en los Marines, donde sirvió como soldado de infantería en la Compañía Delta del 1.er Batallón, 26.º Regimiento de Marines.
En marzo de 1969, se encontraba en un arrozal de Vietnam, aferrado a una ametralladora. Fue testigo del horror en la Colina 190: un compañero de infantería perdió un brazo por una mina, otro murió y Parsons resultó herido por metralla, por lo que tuvo que ser hospitalizado.
Recibió la Combat Action Ribbon, la Cruz de la Gallardía de Vietnam por salvar la vida de otro marine y un Corazón Púrpura. En marzo, los Marines le concedieron su máxima distinción, el Premio Semper Fidelis, otorgado a un estadounidense que representa los principales valores del cuerpo: honor, valentía y compromiso.
Parsons atribuye a los Marines buena parte de su éxito. Cuando llegó a Vietnam con 18 años, comprendió que probablemente iba a morir allí. Pero cada día se decía que lo único que tenía que hacer era llegar al reparto de correo de la mañana siguiente. Y, de alguna manera, lo consiguió.
«Un día a la vez puede ayudarte a superar cualquier cosa», afirma Parsons, cuyo servicio duró 13 meses. «El Cuerpo de Marines me enseñó que la responsabilidad es sagrada».

Pero, como les ocurre a muchos veteranos, la guerra le dejó trastorno de estrés postraumático (TEPT). Intentó recurrir a la terapia para aliviar los síntomas, pero no fue hasta 2018, cuando leyó el libro de Michael Pollan sobre terapia asistida con psicodélicos, How to Change Your Mind, que empezó a plantearse el uso de sustancias psicodélicas para tratar su TEPT.
La tercera esposa de Parsons, Renee, organizó una estancia en Hawái, donde la pareja tiene una casa, y él se sometió a varias sesiones de terapia durante varios días con un terapeuta especializado.
«Durante cuatro días estuve con ello: el primer día fue ayahuasca y el segundo, hongos», contó Parsons a Forbes en 2022. «El tercer día simplemente jugué al golf. Nunca había pateado tan bien en toda mi vida, ni antes ni después».
Parsons afirma que la terapia psicodélica le ayudó a ser menos «gilipollas» y a relacionarse mejor con los demás.
«Lo que me gusta decir es que han pasado 48 años desde la guerra y por fin he vuelto a casa», afirma. «Y no es ninguna tontería».
Desde entonces, Parsons se ha convertido en un importante donante para la investigación sobre psicodélicos. Donó 5 millones de dólares para crear el Parsons Research Center for Psychedelic Healing en la Icahn School of Medicine de Mount Sinai, en Nueva York, y otros 2 millones a la Multidisciplinary Association for Psychedelic Studies.
«Deliberadamente no invierto en ningún proyecto relacionado con psicodélicos», afirma. «Si lo hiciera, tendría menos credibilidad. Y, para ser sincero, no necesito el dinero».
Mientras Parsons conduce el carrito desde uno de los campos de Scottsdale National, The Mineshaft, hasta el otro, llamado The Other Course, saluda a un grupo de cuatro jugadores en el hoyo 12.
«Miren, aquí tenemos a unos golfistas poco comunes», bromea.
Por todo el campo hay placas que conmemoran a distintas unidades de los Marines. Parsons se detiene junto a una de ellas, dedicada a su propia unidad —él era fusilero 0311—, y la contempla durante unos instantes. «Todo lo que he conseguido se lo debo al Cuerpo de Marines», afirma Parsons. «Fueron mi primera familia de verdad. Me enseñaron todo lo que sé».
Este artículo ha sido traducido de Forbes.com

