Imagen de catálogo Pons, Monfort y Compañía. La empresa, que estaba especializada en la fabricación de sillas también producía otros productos para el hogar.

En los primeros 20 años del siglo XX, 669.652 españoles fueron a buscar fortuna a Argentina. Entre ellos estaba José Pons Pedro, quien, en 1920, regresó de las américas a Gata de Gorgos, un pequeño pueblo de la provincia de Alicante, para fundar una empresa que acaba de cruzar el umbral de los 100 años de vida. Ganadora en 2019 del Premio Nacional del Diseño, Point 1920 es la historia de una familia, de un oficio y de una tierra.

El éxito de esta marca española, referente internacional en el diseño y producción de mobiliario exterior, nace del espíritu de adaptación y superación encarnado por aquellos emigrantes de principio de siglo. Tras la plaga de filoxera que arrasó con las uvas de moscatel en la península, José Pons Pedro tuvo que establecerse con 14 años en el Delta de la Plata, donde aprendió a diseñar y tejer con mimbre. Este conocimiento se lo trajo de vuelta a su tierra natal, donde formó y empleó a sus vecinos en la fabricación de sillas y productos para el hogar, muebles decorativos y lámparas con un fuerte componente de diseño. El resto lo hizo el encanto y la elegancia atemporal de la fibra natural, con esas sugestiones art déco y la atmósfera colonial típica de los años en los que José Pons imaginó y dio vida a su futuro.

El primer gran éxito de Point 1920 fue el icónico sillón Alga, obra de Alfonso Gallego y resultado del innovador método de trenzado, ideado por José Pons. La formidable robustez, combinada con el diseño elegante y ligero, hicieron de Alga un protagonista de balnearios y hoteles de lujo de todo el país. El sillón, tejido todo al aire sin estructura portante, es una verdadera obra de arte de la artesanía, que sigue sorprendiendo por la maestría del entramado.

Los años cincuenta, con la llegada al mando de la segunda generación, representada por Juan Bautista Pons, hijo de José, fueron de crecimiento e internacionalización. En una España encerrada en sí misma, Point 1920 se abría al mundo. En una primera fase, mediante la exportación, más tarde con una planta de ensamblaje en los Estados Unidos. Al mismo tiempo, se empezaron a desarrollar proyectos basados en un un nuevo material exótico, el ratán, de la mano de los mejores maestros artesanos de la época.


Sillón Club con estructura de teca natural procedente de bosques sostenibles de tala controlada de Indonesia.

La consagración llegó en los sesenta, de la mano de Gabriel Pons, diseñador y artista. Su trabajo produjo piezas elegantes y contemporáneas, que convirtieron la marca en un referente mundial del diseño. La innovación se materializó, además, en el uso pionero y abierto de colores y tapicerías, y en la fusión del ratán con nuevos materiales.

Nacieron así otros símbolos de la marca alicantina: el sillón Emmanuelle, que recupera el respaldo curvo e imponente de la peacock chair, todo un ícono de estilo universal; y el sofá Dumbo, diseñado por la artista alemana Anita Schmidt. Esta pieza grande, sinuosa y envolvente se convertiría en un imprescindible de los porches en las mansiones de la costa española y de todo el mundo.

Con la crisis del ratán en los países exportadores, en los años ochenta, Point 1920 empezó a fabricar en Vietnam. Esto marcó un gran paso en su estrategia de internacionalización. De hecho, lo que podía parecer un riesgo abrió las puertas a los recursos de Asia. Finalmente, a finales del siglo, la marca desarrolló el Shintotex, una nueva fibra reciclable, de alta resistencia y flexibilidad, con la que desarrolla gran parte de la producción actual. “Resistía la radiación solar sin deformarse ni estropearse. Lo cual supuso un cambio en la industria del ratán en todo el mundo”, explica José Juan Pons, director de fabricación.

Sus piezas decoran en más de 70 países

Hoy la empresa está dirigida por los cuatro hermanos Pons, e incorpora ya la cuarta generación de una dinastía de artesanos de talento capaces de conjugar la tradición y el diseño. Point 1920 ha creado un catálogo de 300 productos que infunden magia y elegancia en más de 1.000 proyectos de interiorismo de todo el mundo, con clientes como Four Seasons, W, Shangri-La, The Langham o Hyatt Regency.

“Una de las características de nuestras piezas es que tienen un componente artesanal que se sigue aplicando igual que en 1920”, asegura Vicente Pons, actual director comercial. De hecho, cada sofá trenzado de Point requiere cuarenta horas de un minucioso trabajo artesanal, cada silla, al menos seis. Y, en muchos casos, estas manos pertenecen a las mismas familias de los comienzos. Las profundas raíces plantadas en el Mediterráneo son constantemente abonadas con innovación, y la dinámica entre tradición y modernidad se materializa en las dos familias de producto, Classic y Contemporary, donde la sublime artesanía y la primacía del diseño se acompañan con la sostenibilidad de los materiales.

Point 1920 está presente en más de 70 países, con delegaciones en Europa, EEUU, Asia y Oriente Medio. Hoy la mente creativa de la empresa es Mario Ruiz, Premio Nacional de Diseño 2016. Su tarea es la de seleccionar y coordinar el trabajo de los mejores diseñadores industriales del mundo, quienes cada año proponen nuevos proyectos y desafíos, como la galardonada colección Weave, de Vicent Martínez.

Un siglo después del regreso a España de José Pons Pedro, Point 1920 sigue aportando su sello familiar inconfundible, una pasión consagrada a la calidad de vida y al arte de vivir.