La ampliación de capital supone una fuerte inyección de fondos para OHL y una oportunidad para los accionistas, especialmente los minoritarios, de entrar en la compañía a un precio muy bajo”. Palabras de Juan Miguel Villar Mir en octubre de 2015, cuando todavía era presidente del grupo constructor y de servicios. Villar Mir se enfrentaba al reto de lanzar un aumento de capital de 1.000 millones de euros con un descuento del 62% sobre el precio de mercado. Un órdago que hizo tambalear la cotización.

La operación salió adelante, pero un año después OHL apenas vale 900 millones en bolsa, tras un desplome histórico provocado por las dudas del mercado sobre la capacidad del grupo para reconducir su nivel de deuda. Desde el 20 de junio, OHL ya no pertenece al índice Ibex 35. Por otra parte, Juan Miguel Villar Mir, su cabeza visible durante los 30 últimos años, ha cedido la presidencia a su hijo Juan Villar Mir de Fuentes.

El esperado relevo ha llegado en el transcurso de la peor crisis económica del grupo familiar, que para frenar el terremoto vendedor en bolsa ha tenido que poner a trabajar a pleno rendimiento la máquina vendedora de activos. Por un lado, el grupo Villar Mir ha reducido su participación en OHL, la empresa que cuando terminó el año 2013 valía casi 3.000 millones de euros. Además, ha vendido la mitad de su participación en la concesionaria de autopistas Abertis y ha reducido por debajo del 5% su presencia en Inmobiliaria Colonial, donde el veterano empresario quería liderar la resurrección del histórico coloso inmobiliario.

Cuando hablamos de Villar Mir, marqués desde 2001 por su “destacada y dilatada trayectoria al servicio de España y de la Corona”, lo hacemos de un empresario sometido hoy a la lupa y la vigilancia intensiva de los mercados, que miden al milímetro los movimientos del grupo y sus posibles repercusiones sobre la deuda. También vigilan los problemas de OHL en México, país que se ha convertido en un quebradero de cabeza para sus gestores.

El año 2016 fue un mal ejercicio. Junto a la cotización de OHL, que llegó a retroceder más de un 70% desde los máximos de 2016 en bolsa, hasta los niveles más bajos en la primera semana de agosto, la agencia de calificación Moody’s rebajó la nota del grupo al nivel B3, considerado bono basura, si bien Fitch mantuvo su calificación. Fue un alivio. Fitch consideró que la empresa ha adoptado medidas que, junto con la recuperación del sector, permitirán reforzar su balance. Con todo, la familia Villar Mir mantiene una buena fortuna, con una valoración de sus propiedades de 2.600 millones millones de euros, frente a los 2.700 millones del año anterior.

Oro en el ladrillo

El ejemplo de Villar Mir recuerda a otras figuras vip en momentos difíciles, caso de Esther Koplowitz, que ha encontrado en el multimillonario Carlos Slim la tabla de salvación de su buque insignia, FCC, y de su propia fortuna personal.

FCC, uno de los grandes grupos constructores españoles, apuesta cada vez más por los servicios ciudadanos, como medioambiente, agua o infraestructuras, entre otros. La empresa ha estado históricamente ligada al destino de la familia Koplowitz, hasta que en junio, el empresario mexicano Carlos Slim tomó el control. Sin embargo, la familia Koplowitz mantiene una fuerte posición patrimonial, con una fortuna que ha duplicado su valoración, hasta 800 millones en este año.

La fórmula se resume en un apellido, Slim, y en dos medidas: saneamiento y refinanciación de la deuda. Carlos Slim (76 años, México), ocupa el cuarto puesto del ranking mundial de Forbes, con una fortuna valorada en 48.800 millones de dólares (unos 43,6 millones de euros). Slim lanzó una oferta pública de adquisición de acciones (OPA) sobre FCC, que dejó a este grupo fuera del Ibex 35, pero con una cotización que recuperó poco a poco el pulso y que sube fuerte en 2016. Esto permite a FCC superar los 3.000 millones de euros de capitalización bursátil.

También a velocidad de crucero, Slim no deja de limpiar las cuentas del grupo. El último movimiento ha sido el pago de más de 400 millones para amortizar de forma anticipada el 92% de la emisión de bonos convertibles en acciones lanzada en 2009 y que pagaba a un tipo de interés muy elevado, del 6,5%.

La ‘rentrée’

El grupo obtuvo una ganancia neta de 54,8 millones de euros en el primer semestre del año, frente a las pérdidas de 11,9 millones que tuvieron entre enero y junio de 2015. Otra vez en beneficios, FCC aspira a volver al Ibex 35 muy pronto. Con el apoyo de Slim, la rentrée parece sólo cuestión de tiempo.

Sacyr, que vale la tercera parte que FCC (ambas por debajo de los 1.000 millones de euros de valor bursátil), también ha pagado el desgaste de una crisis interminable con su salida del Ibex. Tendrá que remar muy duro para volver al grupo de los vip, junto con los grandes triunfadores del sector, Ferrovial, ACS y Acciona.

Y es que la reducción del número de representantes del otrora todopoderoso sector constructor en el mercado bursátil es sólo la demostración de su pérdida de peso alarmante en bolsa y también en la economía española. Antes de su salida del Ibex, la capitalización bursátil de las seis constructoras apenas representaba el 10% del valor total del índice. Y la travesía del desierto de los reyes del ladrillo amenaza extenderse durante mucho tiempo aún.

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