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Gamechangers | Joaquín Cuenca Abela: «Para intentar ser grande hay que ser lo más pequeño posible»

La visión que hoy impulsa Magnific es tan ambiciosa como concreta: democratizar la producción audiovisual de calidad profesional.

Joaquín Cuenca Abela y Marina Specht

El fundador y CEO de Magnific ha construido, desde Málaga, una de las mayores plataformas globales de creatividad con inteligencia artificial. Un nuevo unicornio español con 100 millones de usuarios activos al mes y más de un millón de suscriptores de pago. Hablamos con el hombre que empezó ofreciendo imágenes gratis y hoy pone en manos de cualquier persona las herramientas para convertirse en director de Hollywood.

Hay empresas que se construyen desde la ambición y otras que se construyen desde la curiosidad. Magnific —conocida hasta hace poco como Freepik— pertenece a la segunda categoría. Fundada en 2010 en Málaga por Joaquín Cuenca Abela y los hermanos Alejandro y Pablo Sánchez Blanes, lo que empezó como un humilde buscador de imágenes gratuitas se ha convertido en una de las plataformas de creatividad con IA más influyentes del mundo: 100 millones de usuarios activos al mes, más de un millón de suscriptores de pago, una facturación anual en torno a los 230 millones de euros y el puesto número 4 en gasto empresarial en IA según Andreessen Horowitz. Todo ello construido sin capital riesgo, sin Silicon Valley y, durante muchos años, sin que casi nadie supiera que existía.

La visión que hoy impulsa Magnific es tan ambiciosa como concreta: democratizar la producción audiovisual de calidad profesional. Una película de Hollywood cuesta unos 50.000 dólares por segundo de pantalla. En Magnific, ese mismo segundo cuesta cinco dólares. Cuando algo se abarata diez mil veces, el mundo no produce lo mismo más barato: produce cosas completamente distintas. “Mi tesis es que el mercado mundial de la producción audiovisual —unos 500.000 millones de dólares— se multiplicará por 10, por 100… el potencial de crecimiento es brutal”, afirma Joaquín Cuenca durante una conversación distendida, de casi dos horas, en un hotel de Londres, ciudad donde reside con su familia “para que los niños aprendan bien el inglés”.

Del Amstrad al primer exit con Google

Cuenca nació en Cox, un pueblo de Alicante, en 1976. A los ocho años sus padres le compraron “por fin” un Amstrad CPC 664 que compartió con sus dos hermanos. «No sabría decirte por qué me fascinó tanto la informática desde pequeño», reconoce. «Cuando salía algo en televisión que hablaba de ordenadores, yo lo flipaba.» Estudió Física e Informática en Valencia y en la Universidad Paris-Sud, graduándose primero de su promoción en Informática. Su plan era la academia. En París conoció a Eduardo Manchón, un amigo del instituto que se estaba adentrando en el mundo de las startups. Juntos descubrieron Loquo, una versión española de Craigslist fundada por el cubano Ubaldo Huerta, comprada por eBay en 2005. Primera lección: se puede construir algo de valor desde cero con recursos mínimos. La segunda llegó ese mismo año: aprovechando que Google acababa de abrir la API de Google Maps, Cuenca y Manchón fundaron Panoramio, una plataforma para crear una capa de fotografía geoposicionada. Dos años después, Google les compró la empresa, la primera adquisición del gigante tecnológico de una startup española. «No sabíamos ni cuánto pedir; éramos unos críos», admite Cuenca. «Y Google no se aprovechó de esa asimetría porque buscaba algo que funcionase.»

Tres años en la oficina de Google Zúrich como Tech Lead de Panoramio le dieron algo más que experiencia técnica: una visión de cómo se estructura un equipo de producto en Silicon Valley, cómo se toman decisiones basadas en datos y cómo escalar un producto globalmente. También aprendió lo que no quería copiar: «Google fue pionero en la cultura de los futbolines, el trato casi infantil al empleado”. Cuenca no cree en esta cultura, ni en la contraria, “de que esto va de trabajar a muerte”, y prefirió construir la suya propia.

Málaga, sin capital riesgo, y una idea llamada Freepik

En 2010, Cuenca vuelve a España: concretamente a Málaga, donde vivía su mujer. Allí frecuenta los BarCamps locales —encuentros anuales del ecosistema startup malagueño entre 2010 y 2013— donde conoce a los hermanos Alejandro y Pablo Blanes. Tienen una idea: un buscador de recursos gráficos gratuitos sin la fricción de registro y cuotas que tenían los competidores. El modelo fue sencillo y genial: acceso gratuito, tráfico masivo vía SEO, monetización con publicidad primero y suscripciones después. En 2014 dan un giro que fue determinante: Freepik deja de ser un buscador de assets ajenos para producir contenido propio, con diseñadores internos y una red de contribuidores externos. Los ingresos se disparan. En 2018, el Financial Times la incluye en su ranking de empresas europeas de más rápido crecimiento. Sin haber levantado un solo euro de capital riesgo.

«Para ser de verdad grande, tienes que intentar todo el tiempo ser lo más pequeño posible. Crece cuando te duela. Crece cuando de verdad necesites añadir a alguien. Ahí es cuando empiezas a crecer de una forma sostenible.»

EQT entra en escena

En mayo de 2020, el fondo de capital privado sueco EQT adquirió una participación mayoritaria en Freepik por una cifra estimada en más de 250 millones de euros —»algo más, pero nunca lo hemos publicado», puntualiza Cuenca—. El detonante fue que los hermanos Blanes querían salir del proyecto. De tener tres CEOs, Freepik pasó a tener uno.

EQT posee hoy alrededor del 53% de la empresa, con un horizonte de salida que sitúa la ventana en 2026-2027. ¿Cómo gestiona Cuenca esa presión estructural de tener un accionista mayoritario con una lógica de liquidez diferente a la suya como fundador? «Yo tengo una misión: conseguir que la empresa sea exitosa a largo plazo. Los inversores tienen la misma; en eso afortunadamente, estamos alineados.» Preguntado directamente si querría retrasar el exit, su respuesta revela mucho por lo que no dice: «Quiero que les vaya bien… cuando tenga que pasar, pasará.» Y resume así los aprendizajes que se ha llevado de exits anteriores: «Las dos partes tienen que ganar; nunca busco un beneficio cortoplacista.» Y la segunda: «Siempre tengo un plan B. Si no vas a tirarte faroles, necesitas uno.»

El momento DALL·E 2

Abril de 2022. OpenAI lanza DALL·E 2, un modelo de inteligencia artificial diseñado para crear y editar imágenes a partir de textos. Para Cuenca, aquello fue “un shock” y la revelación de la asimetría entre dos errores posibles. «El error de hacer demasiada IA iba a ser subsanable; el error de hacer demasiado poca, no.» La decisión fue ir a por todas y transformar la compañía en su totalidad, con todas las consecuencias: el crecimiento, que había sido del 45% en 2022, cayó al 11% en 2023. Un año de sacrificio calculado para no perderse la ola.

¿Qué puede aprender de eso un CEO que hoy enfrenta la misma encrucijada? «La pregunta no es si la IA va a hacer obsoleto lo que estás haciendo. La pregunta es: ¿para qué lado prefieres equivocarte? Porque al principio siempre pensamos que es imposible que una máquina lo haga igual que nosotros. Y luego piensas en el ajedrez. Ya nadie se plantea que un humano tenga posibilidad de batir a la máquina.» Ese movimiento estratégico derivó en la Freepik AI Suite, en la integración preferente del modelo Veo 2 de Google DeepMind antes de que el propio Google lo ofreciera a sus usuarios. Y en una regla de ejecución que Cuenca convirtió en ventaja competitiva: «Incorporamos el modelo CLIP de OpenAI en menos de una hora de su lanzamiento. Eso te convierte en un partner atractivo para los grandes labs.»

De Freepik a Magnific: la transformación que va más allá del nombre

La siguiente gran decisión llegó en 2026, con el cambio de nombre de Freepik a Magnific. Cambiar el nombre de uno de los cien dominios más visitados del planeta es una decisión de alto riesgo, y en este caso toda una declaración de intenciones. El problema de Freepik, explica Cuenca, es que el usuario llegaba a una plataforma con la palabra “free” (gratis) incrustada en su nombre y conseguía un buen trabajo, pero le daba la impresión de que lo había copiado. “A la gente le daba un poco de vergüenza”.

Lo que Cuenca quiere construir con Magnific es exactamente lo contrario: una plataforma creativa donde el usuario acabe sintiéndose él mismo extraordinario.

“No estamos en el negocio de hacer magia. Estamos en el negocio de proveer herramientas de IA a los creadores para que hagan cosas magníficas, de las que se sientan orgullosos”.

Es un espacio donde ahora mismo compiten infinidad de jugadores de distintos tamaños y cada mes surgen nuevas startups en diferentes partes del mundo. Por un lado, están las grandes tecnológicas que crean los modelos de vídeo —Google, Bytedance— y también dominan la distribución a escala de los contenidos: Google con YouTube, Bytedance con TikTok y Meta con Instagram son los grandes de la “economía de creadores”. Luego, a un nivel de contenidos más profesionales, están Netflix y Disney+. “Todos ellos hacen productos capaces de llegar a miles de millones de usuarios. Nuestro mercado, por el contrario, es un mercado de 100 millones de usuarios que pensamos que va a crecer exponencialmente”. Un sector donde Magnific compite fundamentalmente con el incumbente Adobe —“han llegado tarde a la IA y ahora han empezado a copiar nuestra estrategia”— y con Runway, que empezó desarrollando un modelo de generación de vídeo con IA propio y “ahora está yendo más por el camino de incorporar los modelos de todo el mundo,” en línea con lo que hace Magnific. De todos modos, Cuenca no cree que vayan a tener un problema de competencia entre las distintas empresas, porque “el crecimiento del mercado de contenidos será tan fuerte, que habrá espacio para todos”.

Parte de ese crecimiento vendrá a través de las marcas que “se van a convertir en estudios,” en opinión del CEO de Magnific. “La democratización de las herramientas va a romper la barrera que había entre los estudios de películas y los departamentos de marketing que hasta ahora sólo podían hacer anuncios carísimos de producir.»

Málaga contra Silicon Valley: la ventaja de la desventaja

Magnific ha abierto recientemente una oficina en San Francisco y Cuenca, que lleva dos años en Londres, tiene previsto volver a Málaga este verano. ¿Qué importancia tiene la ubicación geográfica de un emprendedor en un mundo de cambios tan frenéticos como vive el mundo de la IA?

«Yo creo que lo puedes conseguir fuera de San Francisco, pero es una desventaja estar lejos de Silicon Valley. Así de simple.»

La honestidad de Cuenca al respecto es refrescante en un ecosistema donde muchos fundadores convierten su ubicación en una narrativa de orgullo regional. Para él es una variable que hay que gestionar, no romantizar. Los motivos de quedarse en Málaga en su caso fueron personales —su mujer, sus hijos, sus socios— y la consecuencia fue una cultura de empresa particular: obsesión por el producto, orientación radical a los datos, bootstrapping y una disciplina financiera rigurosa. «Freepik nunca ha perdido dinero en un mes.» En un entorno de capital riesgo donde las pérdidas se financian durante años, esa frase suena casi revolucionaria.

La «no collar economy» y el boom creativo

Como optimista de la IA que es, Cuenca rechaza de plano la visión dominante en parte de la industria del marketing de que las plataformas como Magnific representan el apocalipsis laboral para los creativos. Su tesis sobre el futuro del trabajo es que la IA generativa creará la ‘no collar economy’: la de los creativos. «Hoy la industria creativa es pequeñísima. Para hacer una película te tienes que gastar 150 millones y sólo la haces cuando tienes la certeza de recuperar la inversión.» A medida que el coste de producción caiga en un factor de diez mil, “no se harán las mismas películas más baratas: se harán películas que antes nunca se habrían hecho”.

TRES consejos DE UN Gamechanger

Entiende mejor el upside y no tengas tanto miedo a lo negativo. «Cuando llega una tecnología nueva, empieza por explorar qué es lo nuevo que se puede hacer, en cómo puedes apoyarte en ello, en lugar de verlo como una amenaza.»

Piensa en primeros principios. «No intentes hacer la montaña más grande porque otros tienen una montaña más grande. No intentes hacerlo más complicado porque creas que otros lo hacen así. Busca la forma más sencilla de conseguir tu objetivo. Crece cuando te duela, cuando de verdad necesites añadir a alguien. Intenta ser siempre lo más pequeño posible.»

La misión va más allá del retorno económico. «Cuando tu objetivo es económico, llega un punto donde pierdes motivación. Necesitas una misión que sea más importante que el retorno económico.» La suya es tan sencilla como poderosa: que cualquier persona pueda expresar su talento de una forma que la haga sentirse orgullosa.

Hay algo paradójico y profundamente coherente en la historia de Joaquín Cuenca. Un hombre que construyó desde un pueblo de Alicante, sin capital riesgo y sin el apoyo de ningún hub tecnológico, una de las plataformas de IA creativa más grandes del mundo. Y que, cuando le preguntas cuál es el secreto, responde que hay que intentar ser siempre lo más pequeño posible.

No es modestia. Es la comprensión de que el crecimiento sostenible viene de resolver problemas reales, uno a uno, sin inflarse por comparación con los demás. Con la pantalla de datos delante, mirando si realmente estás añadiendo valor o no. En un mundo donde la inteligencia artificial está rehaciendo las reglas de prácticamente todos los sectores, Cuenca encarna algo más difícil de replicar que la tecnología: la claridad de propósito. No está construyendo herramientas para que la IA haga cosas magníficas. Está construyendo herramientas para que las personas se sientan magníficas. La diferencia, como él mismo señala, lo es todo.

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