Tras casi 50 años de historia, Zalacaín, el primer 3 estrellas Michelin de España, se vio obligado a cerrar sus puertas el pasado mes de noviembre por la crisis sanitaria. Ahora, resurge de sus cenizas como el ave fénix: el emblemático restaurante madrileño está a punto de tener nuevos dueños.

Si no hay grandes sorpresas de última hora, Iñaki Arrola, empresario y fundador de la web coches.com, y Eduardo Navarro, uno de los socios del fondo de inversión Sherpa Capital, se convertirán en los nuevos propietarios del que punto de encuentro de la alta sociedad empresarial, artística y deportiva de la capital durante décadas, según apunta El Confidencial.

La de Navarro y Arrola sería la única oferta de compra que sigue vigente para convertirse en los nuevos dueños del restaurante Zalacaín, tras la retirada de la del abogado Miguel Palomero, debido a su relación con el conocido club de alterne Pigmalión de Madrid, en el que ejercía el cargo de administrador hasta el pasado enero. Esta vinculación con la noche madrileña, según el mencionado diario digital, no era vista con buenos ojos por la familia Cereceda, actual propietaria del local de Zalacaín, para la reputación de un restaurante con tanta historia y solera como éste.

Otro de los puntos que más preocupaban a la familia Cereceda era qué iba a ocurrir con el medio centenar de trabajadores que conforman la plantilla de Zalacaín. Un asunto que se ha logrado solventar tras el compromiso de Navarro y Arrola de que no habrá despidos.

Medio siglo de vida

Zalacaín abrió sus puertas en 1973 de la mano del navarro Jesús María Oyarbide, siendo una de las referencias gastronómicas más importantes de España de cocina tradicional.

Dos años después de su apertura consiguió su primera Estrella Michelin, y en 1981 la segunda. Tan solo 6 años más tarde se haría con la tercera, convirtiéndose en el primer restaurante de España con el máximo reconocimiento de la guía francesa (aunque las iría perdiendo con los años).

Luis García Cereceda se hizo con la propiedad del restaurante mimando cada uno de los pilares del negocio. Formaba parte del Grupo LaFinca, presidido por Susana García Cereceda, y era el lugar de traje y corbata (obligatoria) perfecto para los paladares más refinados.