Elon Musk (edad 54 años, Pretoria, Sudáfrica) ha revelado los planes de un proyecto espacial que rompe con todas las expectativas: centros de datos en órbita mucho más grandes que la Estación Espacial Internacional. Estos satélites, equipados con paneles solares gigantescos, están pensados para brindar capacidad de procesamiento de inteligencia artificial a una escala sin precedentes, incluso superando la longitud del cohete Starship V3, que alcanza los 124,4 metros. De primeras, parece un cuento sacado de una película de ciencia ficción espacial, sin embargo, Musk está convencido de poder llevar a cabo este nuevo reto espacial.
El plan
A través de SpaceX, Musk proyecta lanzar una constelación de satélites diseñados específicamente como centros de datos orbitando la Tierra. Cada unidad contará con paneles solares de dimensiones excepcionales y sistemas de radiadores para gestionar el calor generado por el procesamiento de IA de alta densidad. Musk señaló que las imágenes difundidas muestran solo una “versión mini” de estos dispositivos, anticipando que futuras versiones serán aún más colosales.
Los satélites iniciales están pensados para generar unos 100 kilovatios de potencia de computación, pero la compañía ya trabaja en modelos capaces de operar en el rango de los megavatios. La energía solar captada por los paneles será clave para sustentar estas operaciones y mantener la infraestructura tecnológica funcionando de manera eficiente en el vacío del espacio.
Mientras tanto, en la superficie terrestre, compañías como xAI -también dirigida por Musk- proyectan centros de datos con capacidades de hasta 1.000 megavatios. Sin embargo, la meta de SpaceX es mucho más ambiciosa: planea desplegar hasta un millón de satélites orbitando la Tierra, creando una red de computación para inteligencia artificial capaz de ofrecer miles de gigavatios desde el espacio exterior. Musk asegura que técnicamente esto es viable y que no se requieren nuevas leyes de la física para lograrlo.
La función del cohete Starship
El uso del cohete Starship es esencial para este plan, ya que su enorme capacidad de carga permitirá poner en órbita estos gigantescos satélites. No obstante, la magnitud del proyecto plantea serias dudas sobre la saturación de la órbita terrestre. Actualmente existen alrededor de 15.000 satélites en funcionamiento, de los cuales unos 10.000 forman parte de la red Starlink de SpaceX. Estos nuevos centros de datos serían mucho más voluminosos, complicando aún más la gestión del tráfico orbital.
Posibles riesgos
Expertos en espacio y astronomía, como Hugh Lewis, profesor de la Universidad de Birmingham, han advertido sobre los riesgos de seguridad asociados. Según sus cálculos, si se implementa la constelación completa de un millón de satélites, se necesitarían 272 millones de maniobras anuales para evitar colisiones, lo que equivale a casi nueve ajustes por segundo todos los días del año. En un periodo de 15 años, la cifra acumulada alcanzaría los 4.000 millones de maniobras.
A pesar de los desafíos técnicos y medioambientales, SpaceX confía en que estos centros de datos en órbita revolucionarán la infraestructura para inteligencia artificial, aprovechando la energía solar del espacio y la capacidad de lanzamiento masivo del Starship. El proyecto, si se materializa, marcará un hito histórico en la computación espacial y en la manera en que el ser humano puede operar inteligencia artificial a escala global desde más allá de la atmósfera.

