En pleno 125 aniversario, Iberdrola ha decidido mirar hacia adelante. Y lo ha hecho donde se construye el futuro: en la formación. Esta mañana, en su Campus de Innovación y Formación en Madrid, Su Majestad el Rey ha presidido la entrega de las Becas Iberdrola 2025-2026, acompañado por Ignacio Galán y el ministro para la Transformación Digital, Óscar López. No es solo una ceremonia. Es una declaración de intenciones.
Las becas —orientadas a impulsar la excelencia académica, la empleabilidad y el desarrollo profesional— forman parte de una estrategia más amplia en la que la compañía ha decidido vincular crecimiento empresarial con formación de talento. Un binomio que, en el caso del sector energético, ya no es opcional.
Porque el contexto ha cambiado. La electrificación, la digitalización y la inteligencia artificial están redefiniendo la industria, y eso exige perfiles que todavía se están formando. Iberdrola lo sabe. Y actúa en consecuencia.
Más allá de la foto y el simbolismo, el programa de becas encaja en una política más amplia: la de construir una cultura de empresa donde el talento no solo se atrae, sino que se retiene. Iberdrola ha sido reconocida por segundo año consecutivo como Top Employer Enterprise y, según Merco Talento, figura de forma recurrente como la compañía del sector con mayor capacidad para fidelizar profesionales en España. A ello se suma su certificación como Great Place to Work en Brasil, un sello que no habla de discurso, sino de experiencia real de quienes trabajan dentro. Porque formar talento está bien; conseguir que se quede, es otra historia.
“Estamos en el mayor ciclo de inversión y crecimiento de la historia del sector”, recordó Galán durante el acto, subrayando que cientos de profesionales ya han pasado por este programa en áreas como redes, energías limpias o almacenamiento. Pero lo relevante no es solo el discurso, sino la escala.

De aquí a 2028, la compañía prevé incorporar 15.000 profesionales, destinar 65.000 millones de euros a proveedores y generar 40.000 millones en contribución fiscal. Traducido: el talento no es un departamento, es infraestructura.
El programa de becas funciona, además, como una puerta de entrada real al mercado laboral. Incluye desde másteres internacionales en universidades como Imperial College o la Universidad de Strathclyde, hasta programas de graduados con experiencia internacional, formación en ciberseguridad, especialización en redes inteligentes o iniciativas como las Escuelas de Electricistas en Brasil —reconocidas por Naciones Unidas— y becas STEM para mujeres en entornos vulnerables. No es filantropía. Es pipeline.
El acto ha servido también para poner sobre la mesa una idea que empieza a repetirse en todos los foros económicos: el crecimiento ya no depende solo de las grandes decisiones corporativas, sino de la capacidad de atraer, formar y retener talento. En la mesa redonda posterior, perfiles tan distintos como un rector universitario, una campeona olímpica o directivos industriales coincidieron en lo mismo: sin talento, no hay transición posible. Y ahí es donde Iberdrola intenta posicionarse.
Con más de 100 millones de clientes en el mundo, 45.400 empleados y una capitalización que supera los 135.000 millones de euros, la compañía podría limitarse a ejecutar. Pero insiste en construir.
Porque en un sector que se juega el futuro energético —y económico— de Europa, la ventaja competitiva ya no está solo en la tecnología o en la inversión. Está en quién forma a los que van a operarla. Y en eso, Iberdrola lleva años adelantándose.
