En un sector donde todo el mundo habla de impacto, narrativa y reputación, hay algo más difícil de sostener: los números. Roman los tiene. Y los tiene con una consistencia poco habitual.
La consultora ha cerrado 2025 con una facturación de 25,7 millones de euros, un 13,4% más que el año anterior. No es solo el dato —que también—, es el contexto: seis años consecutivos creciendo a doble dígito. En una industria especialmente expuesta a los vaivenes económicos, eso no es inercia, es método.
Detrás de ese crecimiento hay una idea que la firma repite como mantra: modelo boutique. Traducido: menos volumen indiscriminado y más foco en cliente, equipo y propuesta de valor. Puede sonar a discurso, pero cuando se sostiene en resultados empieza a parecer estrategia.
El año ha sido, además, de construcción interna. Roman ha puesto en marcha su división digital —Roman Digital— y ha inaugurado en Madrid la llamada Brands House, un espacio pensado para concentrar creatividad, marca y experiencia. No es solo una oficina más: es una declaración de hacia dónde se mueve la comunicación hoy, donde lo corporativo, lo creativo y lo digital ya no se entienden por separado.
También hay músculo humano. 250 profesionales, más de un 70% mujeres. No es un dato decorativo: en un sector que vive de interpretar la sociedad, la composición del equipo importa tanto como el discurso que se vende fuera.
Pero quizá uno de los indicadores más reveladores no está en la comunicación, sino en las operaciones. Roman se ha colocado como la tercera consultora española en asesoramiento en fusiones y adquisiciones, participando en 38 transacciones valoradas en más de 12.000 millones de euros. Es decir: no solo cuentan historias, también están cuando las empresas se juegan las decisiones importantes.
A eso se suman premios, expansión y un posicionamiento claro en sostenibilidad —donde presumen de liderazgo—, pero lo relevante está en otra parte: en la coherencia.
En un momento en el que muchas compañías intentan parecer lo que no son, Roman parece más centrada en ser lo que dice. Y en comunicación, donde todo el mundo construye relatos, eso sigue siendo —todavía— una ventaja competitiva.
Porque al final, la reputación no se diseña: se sostiene. Y eso, como muestran sus cifras, lleva tiempo.
