España está entre los diez países candidatos para albergar la que sería la estructura esférica más grande jamás construida: una Luna artificial de 312 metros de altura que aspira a convertirse en uno de los mayores iconos turísticos del planeta.
La carrera global por atraer megainversiones turísticas y arquitectónicas podría sumar un nuevo capítulo inesperado: construir la Luna en la Tierra. Literalmente.
La compañía canadiense Moon World Resorts impulsa un proyecto que busca levantar una esfera de 271 metros de diámetro y 312 metros de altura, superando ampliamente a referentes como la Sphere de Las Vegas. El complejo, bautizado simplemente como Moon, incluiría un hotel de 4.000 habitaciones, espacios residenciales de lujo, centros de convenciones y, como pieza central, una recreación inmersiva de la superficie lunar.

España figura entre los diez países que compiten por albergar la primera sede. La inversión estimada ronda los 5.000 millones de dólares, sin incluir el coste del suelo. El modelo financiero combina capital privado y la preventa de aproximadamente 10.000 unidades residenciales distribuidas entre torres anexas y estructuras secundarias.
No es solo un hotel temático. Es un complejo de casi 200 hectáreas diseñado para recibir hasta 10 millones de visitantes al año, con 2,5 millones atraídos exclusivamente por la experiencia lunar.
La esfera coronaría el desarrollo como elemento icónico. En su parte superior se proyecta una simulación de la superficie de la Luna que permitiría caminar sobre un terreno recreado con precisión topográfica. La compañía sugiere incluso posibles aplicaciones como entorno de entrenamiento para agencias espaciales, aunque los detalles técnicos sobre cómo replicar sensaciones gravitatorias siguen sin concretarse.
Moon no se limita a una gran esfera. El plan maestro incluye:
- 20 torres perimetrales conectadas por una pasarela panorámica elevada.
- 16 esferas secundarias.
- Zonas residenciales premium.
- Centro de convenciones.
- Espacios de ocio y restauración.
- Intercambiador de transporte, helipuerto y vertipuerto.
- Integración de paneles solares en el anillo exterior.
El resultado sería un skyline completamente dominado por geometrías circulares, una declaración estética pensada para convertir el complejo en símbolo global.
Más allá de la arquitectura, el proyecto funciona como una operación de branding territorial. Para el país anfitrión supondría posicionarse como destino de innovación, turismo experiencial y entretenimiento de nueva generación. Un movimiento similar al que Emiratos Árabes Unidos ha hecho con sus megaproyectos o al que Arabia Saudí intentó con iniciativas como The Line o Mukaab.
¿Por qué España?
España aparece como candidata real junto a Emiratos Árabes Unidos, China, Estados Unidos, India, Australia o Brasil. La decisión dependerá de factores clave:
- Agilidad regulatoria.
- Disponibilidad de suelo estratégico.
- Incentivos fiscales.
- Apoyo institucional.
- Capacidad inversora local.
China y Emiratos parten con ventaja por su velocidad administrativa y músculo financiero. Sin embargo, España ofrece una combinación atractiva de turismo consolidado, infraestructuras maduras y capacidad hotelera de primer nivel.
La pregunta es si el entorno regulatorio español permitiría acelerar un proyecto de esta magnitud sin quedar atrapado en procesos administrativos prolongados. Moon World Resorts lleva años presentando distintas versiones del proyecto sin materializar ninguna. Actualmente sigue en fase conceptual y no existe ubicación cerrada ni financiación totalmente asegurada.

La empresa sostiene que, si los plazos se cumplen, la primera Luna podría abrir en 2032. Pero el calendario depende de la elección del país, licencias urbanísticas, acuerdos financieros y estabilidad política. En otras palabras: la visión es clara, pero el aterrizaje aún no.
El proyecto refleja una tendencia creciente: la convergencia entre entretenimiento, tecnología inmersiva y arquitectura icónica. Frente al turismo tradicional, surgen propuestas que prometen experiencias extraordinarias sin necesidad de viajar al espacio real.
Moon apuesta por convertir la exploración lunar en producto turístico masivo. Si se construye, no será solo el edificio esférico más grande del mundo. Será un experimento económico sobre hasta dónde puede llegar la industria del espectáculo cuando se mezcla con inversión global y ambición geopolítica.
La Luna artificial podría no despegar nunca. O podría convertirse en el próximo gran icono arquitectónico del siglo XXI.
