Musk no es el único multimillonario en llegar al espacio. Ahora, Jeff Bezos le acompaña. La carrera por el control de la órbita terrestre baja está más reñida con la entrada de Amazon en el mercado de constelaciones de satélites, rompiendo el monopolio de Elon Musk y sus microsatélites Starlink. Este pasado jueves, desde el Centro Espacial de Kourou en Guayana Francesa, gestionado por Arianespace, se lanzó la primera constelación de Amazon Leo (antes Kuiper), que busca reducir la brecha digital en áreas desfavorecidas.
Jeff Bezos (Nuevo México, Estados Unidos, 62 años) y Elon Musk (Pretoria, Sudáfrica, 54 años), dos de los hombres más ricos del planeta, compiten ahora también en el ámbito lunar con sus compañías Blue Origin y SpaceX, respectivamente. Mientras Musk integra sus naves en la estrategia estadounidense para enviar astronautas a la Luna, Bezos anunció que centrará los esfuerzos de Blue Origin en este mismo objetivo, buscando romper el dominio de Musk en la exploración espacial.
Leo, activado
El proyecto Leo de Amazon es el más ambicioso de la titánica plataforma de comercio electrónico, con la meta de llevar internet rápido y económico a más de 2.500 millones de usuarios. El lanzamiento siguió al detalle cada etapa del cohete Ariane 64, ante más de 300 personas y a través de transmisiones en directo.
Amazon Leo colocó 32 nuevos satélites en órbita baja, usando por primera vez la configuración Ariane 64 de cuatro propulsores y la cofia larga de 20 metros, con una capacidad de más de 20 toneladas, el doble de la versión anterior. La separación de satélites se completó en unos 25 minutos a unos 465 km de altitud, y el centro de operaciones en Redmond, Washington, asumió su control y traslado a la órbita operacional de 630 km. Con ello, la constelación supera los 200 satélites.
Hay que destacar que el lanzamiento llega en un momento clave para la industria europea. Europa ha participado de manera clave en este proyecto a través del cohete Ariane 64, fabricado y operado por Arianespace desde el Centro Espacial de Kourou en Guayana Francesa. De esta manera, Europa refuerza su presencia en el mercado de telecomunicaciones espaciales, demostrando capacidad técnica y estratégica para competir en despliegues de constelaciones de gran escala y colaborando directamente con empresas estadounidenses para proyectos globales de conectividad.
Este despliegue marca un avance clave para Amazon Leo y Europa. Además de este lanzamiento, la FCC estadounidense autorizó a Amazon el despliegue de 4.500 satélites adicionales de segunda generación, elevando el plan total a cerca de 7.700 unidades. Para 2026, Amazon Leo planea continuar su serie de 18 lanzamientos con Arianespace y colaboraciones con SpaceX, aumentando cobertura y capacidad, y acercándose a su objetivo de ofrecer internet de alta velocidad a nivel global y competir directamente con Starlink.
Terreno saturado
Actualmente, hay 16.000 satélites alrededor de la Tierra, de los cuales 13.026 están activos, incluyendo 8.366 de Starlink. China opera 1.102 y planea desplegar 27.000 más. Europa, más allá de Copernicus y Galileo, depende aún de empresas norteamericanas para comunicaciones estratégicas, aunque con IRIS2, aprobado en 2023, busca contar con unos 300 satélites propios para 2030.
Con el lanzamiento de Amazon, la saturación orbital y el riesgo de basura espacial aumentan considerablemente, sin contar los planes de otras potencias: China proyecta colocar decenas de miles de satélites para reforzar sus capacidades estratégicas, y la NASA estima que para 2030 podrían llegar a orbitar hasta un millón de dispositivos.
La densidad de satélites genera riesgos crecientes para la astronomía y la seguridad orbital. Según el CSIC, la saturación “nos deja ciegos” y dificulta la detección de objetos peligrosos. Los enjambres en órbita baja (unos 500 km) provocan riesgos de colisión, con más de 144.000 maniobras de evasión reportadas por SpaceX en la primera mitad de 2025, y la basura espacial representa el 94% de los objetos en órbita. La Agencia Espacial Europea calcula que cada día caen a la atmósfera unas tres piezas de equipos antiguos.
