Averigua cuáles son sus expectativas. Cuando algo es urgente y tu jefe no lo especifica, deberías saberlo ya sólo por el tono de su voz o el estilo del e-mail que te ha enviado encargándote la tarea en cuestión. Para conocer sus expectativas no hay nada como la observación. Cuando algo sale bien, apunta qué es lo que ha hecho que salga así y repítelo.

Conoce sus manías. Como dice el refrán, cada maestrillo tiene su librillo, y por supuesto ese librillo incluye manías. Sea cual sea la manía de tu jefe, la solución más inteligente es recordarlas y tratar de no actuar de manera que éstas se acentúen. Si sabes que algo le molesta, evítalo en la medida de lo posible. Será mejor para todos.

Ten en cuenta su horario y su esquema de prioridades. Cuanto más de cerca conozcas los hábitos, los deberes y las preocupaciones de tu superior, más fácil te resultará actuar en situaciones complicadas. Sabiendo qué es lo que le preocupa realmente, sabrás cómo actuar para no trastocar sus planes.

Comunícate con él en la forma que prefiera. La comunicación es fundamental en cualquier ámbito de nuestra vida, pero cuando se trata del profesional, la importancia se eleva un grado más. Cualquier malentendido puede ser fatal. Si tu jefe prefiere las llamadas a los e-mail, llámale, si es de Whatsapp en vez de e-mail, escríbele un whatsapp. Adáptate a su estilo.

Avisa de las cosas importante con tiempo. Si tienes algún plan importante, como una boda, no esperes al último momento para decir que necesitas salir antes. Cualquier jefe quiere tener a su equipo disponible en el horario establecido, es más, tiene derecho a ello por contrato, por eso es mejor avisar si necesitas hacer alguna modificación. Seguramente tu jefe no se niegue a que salgas antes, pero preferirá saberlo por si pasa algo, saber con quién cuenta. Lo mismo sucede con las conversaciones relevantes. Si quieres preguntar por tu aumento de sueldo, no esperes al último día antes de que tu jefe se marche de vacaciones para hablar sobre ello.