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José Bogas (Endesa): “Un CEO debe entender a los demás y dialogar para encontrar soluciones: ahí es donde se obtiene el máximo valor”

El consejero delegado de Endesa reflexiona sobre liderazgo, equipos y visión estratégica tras recibir en Davos el premio Forbes Best Vision of the Future.

José Bogas, consejero delegado de Endesa.

Este lunes 19 de enero, en el marco del Foro Económico Mundial de Davos y rodeado de líderes empresariales, directivos y referentes internacionales, José Bogas ha recogido el premio Forbes Best Vision of the Future. Un reconocimiento a una trayectoria de más de cuatro décadas marcada por el esfuerzo, la constancia y una visión estratégica que ha acompañado la transformación de una de las compañías energéticas más relevantes del país.

El consejero delegado de Endesa repasa en esta conversación los hitos de una carrera construida desde la base, su formación con los jesuitas, la irrupción de la informática en el tejido empresarial y el papel determinante de los equipos humanos en la toma de decisiones. Una reflexión pausada sobre liderazgo, responsabilidad y la necesidad de “dar luz” a los demás en contextos de cambio.

José Bogas es un hombre de empresa. Lleva más de cuarenta años vinculado a Endesa y se incorporó a la compañía en un momento clave, cuando la informática comenzaba a abrirse paso como herramienta estratégica en las organizaciones. Su formación como ingeniero industrial en ICAI y su especialización en esta materia resultarían decisivas para su desarrollo profesional y para la evolución de la compañía.

Casado, padre de dos hijas y abuelo, Bogas ha vivido y liderado grandes transformaciones en el sector energético, además de afrontar desafíos excepcionales como una pandemia o un gran apagón eléctrico en España. Lleva casi doce años como consejero delegado y, con anterioridad, ocupó distintos cargos de relevancia dentro de la organización.

Se define como un directivo sereno, con una marcada vocación de equipo, defensor de un liderazgo alineado con los tiempos actuales y convencido de que el diálogo es una herramienta esencial para generar valor sostenible.

Háblanos de tus raíces. Tu padre fue ingeniero del ICAI y empresario. ¿Cómo influyó en tus estudios, tus valores y tu manera de entender el trabajo? ¿Y tu madre? ¿Cómo te influyó ella?

Lo primero que influye en cualquier persona es que todos contamos con ciertas capacidades más desarrolladas que otras. Siempre me gusta decir, aunque no sé hasta qué punto es científicamente exacto, que en los dos hemisferios del cerebro el izquierdo está más orientado a lo lógico y el derecho a lo creativo, y que ambos interactúan de forma constante.

Cuando tienes más desarrollado el hemisferio lógico, tiendes hacia las matemáticas, el razonamiento secuencial y las ciencias. Creo que esa inclinación me orientó hacia una carrera científica, más que hacia las letras o el arte.

Además, mi padre era ingeniero del ICAI, lo que sin duda influyó y despertó mi interés, coincidiendo con que yo tenía facilidad para esas materias. Por otro lado, mi madre tuvo una influencia muy profunda. Mi padre falleció relativamente joven, cuando yo tenía 20 años, y éramos cinco hermanos. En ese momento nos transmitió un mensaje muy claro: teníamos que salir adelante por nosotros mismos. Aquello generó un fuerte sentido de responsabilidad que nos marcó profundamente.

Te has formado en el espíritu jesuita. ¿Qué impronta te ha dejado en tu manera de ser y de gestionar equipos y decisiones? ¿Hay alguna lección concreta o vivencia determinante en tu carrera?

Estudié con los jesuitas y considero que su educación es muy sólida, tanto desde el punto de vista académico como desde una perspectiva más integral. Impulsan una visión global de la realidad y fomentan una forma distinta de comprender las cosas, especialmente en quienes tenemos una orientación más técnica.

Además, transmiten una serie de valores y principios muy claros sobre cómo debe entenderse la vida profesional. Estudié con ellos tanto en el colegio como en la carrera de ingeniería y puedo decir que me inculcaron algo básico: el valor del esfuerzo. Te enseñan que hay que hacer el trabajo cada día y mantener un esfuerzo continuado en el tiempo.

Tuve muchos profesores con un impacto positivo en mi formación. Eran grandes maestros y mantenían una cercanía con los alumnos que no estaba reñida con la exigencia. No se trataba de facilitar las cosas —de hecho, suspendí algunas asignaturas—, sino de incentivarte a superarte cuando veían que tenías capacidades que aún no habías desarrollado plenamente.

¿Cómo decidiste dedicarte a este sector? ¿Tuviste alguna alternativa profesional en mente?

Cuando estaba terminando la carrera surgió una disciplina nueva, comparable a lo que hoy representa la inteligencia artificial: la informática. Había una asignatura optativa y decidí cursarla con mucho interés, porque ayudaba a estructurar el pensamiento; aprender a programar ordena mucho la cabeza.

En aquel momento, la informática se aplicaba sobre todo a la gestión empresarial, no tanto a la resolución de problemas técnicos. Mi primer trabajo estuvo relacionado con la señalización ferroviaria en la estación de Chamartín. Yo era un ingeniero joven con conocimientos de informática, y esa combinación resultó clave.

Posteriormente trabajé en una empresa llamada Eria, dedicada a la informatización de procesos empresariales. Había estudiado ingeniería eléctrica y me parecía un camino coherente. En Endesa me llamaron para informatizar la planificación, un proceso que entonces llevaba seis o siete meses y que pudo acelerarse notablemente gracias a la tecnología.

José Bogas, CEO de Endesa.

A lo largo de estos más de 40 años, ¿cómo has vivido tu trayectoria y dónde crees que ha habido más esfuerzo y más suerte?

Por mi forma de ser y por la educación que he recibido, creo que el esfuerzo constante es la clave fundamental. No me considero una persona con una inteligencia extraordinaria, sino más bien media, como la mayoría, pero apoyada en la constancia creo que puede dar resultados muy positivos.

En la vida es importante ser consistente, hacer bien el trabajo y no aspirar a más de lo necesario. Llegar a ser consejero delegado no es algo permanente: uno llega, está un tiempo y luego llega otra persona. Conviene no perder nunca esa perspectiva.

Hay una frase atribuida a Oscar Wilde que dice que en la vida hay dos tragedias: no conseguir aquello que más deseas y conseguirlo. En ese sentido, hay que tener cuidado incluso con lograr lo que uno anhela.

En mi caso, la suerte también influyó. Se dieron las circunstancias adecuadas para ir asumiendo mayores responsabilidades. Pero el esfuerzo, la constancia y la voluntad de hacer las cosas bien son la receta que realmente funciona.

¿Qué importancia ha tenido el equipo en tu carrera profesional y cómo se construye una confianza que perdure en el tiempo?

El equipo es absolutamente fundamental. Hay un libro reciente de Giuliano da Empoli, La hora de los depredadores, que habla de ejercer el mando únicamente desde la fuerza. Ese enfoque puede funcionar en algunos casos, pero no es el mío.

Siempre he tratado de crear equipos con las mejores personas posibles, pero, sobre todo, equipos que trabajen coordinados, con confianza y cercanía. Mi objetivo ha sido rodearme de profesionales que sepan más que yo en cada ámbito.

Mi trabajo no consiste en hacer el trabajo de los demás, sino en entenderlo, dialogar, plantear objeciones y buscar soluciones. Es en esa interacción donde realmente se obtiene el máximo valor.

¿Cómo ha evolucionado tu estilo de liderazgo desde tus primeros cargos directivos hasta la actualidad?

Existen muchos estilos de dirección, pero hoy la tendencia es una mayor cercanía al empleado y al colaborador que en el pasado. Pasamos muchas horas juntos y compartimos aspectos que van más allá de lo profesional. Crear un clima de confianza es fundamental.

Tiene momentos complejos, sin duda, pero creo que el balance es claramente positivo.

José Bogas lleva más de cuarenta años vinculado a Endesa.

Mirando hacia atrás, ¿de qué te sientes más orgulloso de tu legado en Endesa?

Me sentiré satisfecho si se me recuerda como alguien que contribuyó a impulsar cambios relevantes en la empresa.

En primer lugar, la transformación digital de los procesos de facturación. Pasamos de tardar 21 días a solo dos, lo que supuso un avance muy significativo.

En segundo lugar, la transición regulatoria del sector eléctrico en los años 80, cuando la industria atravesaba una profunda crisis económico-financiera. El Gobierno impulsó el denominado Marco Legal Estable, que permitió reformas estructurales importantes, y Endesa dejó de ser únicamente una compañía generadora para convertirse en una empresa regulada.

Y, por último, el reto asumido en 2014 de cerrar el negocio del carbón en una empresa con una fuerte cultura carbonera. Fue un proceso emocionalmente muy duro, pero necesario, y estoy orgulloso de que haya salido bien.

¿Has sentido vértigo al liderar una empresa clave para el suministro energético del país?

Más que vértigo, respeto. A lo largo de los años surgen retos complejos y es necesario gestionar personas, que son extraordinarias, pero también muy complejas.

Hay que tratar de ponerse en el lugar del otro para comprender sus razones y encontrar soluciones. Muchas veces tendemos a atribuir los problemas a la tozudez ajena, sin darnos cuenta de que quizá somos nosotros quienes no hemos sabido “dar luz” para que se entienda nuestro punto de vista.

¿Qué hábitos consideras importantes para ti como persona y como directivo?

Me gusta mucho leer, especialmente biografías de personas vinculadas a la política, porque ayudan a comprender mejor el mundo en el que vivimos. También intento dedicar tiempo al deporte, al descanso y a la familia, algo que valoro especialmente ahora que tengo nietos.

Creo que es fundamental buscar el equilibrio. La mayor recompensa es la satisfacción personal de un trabajo bien hecho, una vida equilibrada y el bienestar que podemos generar tanto en la sociedad como en quienes nos rodean.

¿Qué consejo te darías a ti mismo al terminar la carrera?

Que queda mucho camino por recorrer, que hay que seguir aprendiendo y, sobre todo, saber comprender los problemas y resolverlos de manera sencilla. La capacidad de síntesis y de comunicación clara es esencial.

Para finalizar, ¿cómo te gustaría que te recordara tu equipo cuando te jubiles?

Como alguien que trabajó y luchó por la empresa, que cometió errores, pero que siempre estuvo ahí. Alguien que intentó que, al mismo tiempo que progresaba la compañía, progresáramos todos, a nivel humano y personal.

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