El plan, elaborado con el respaldo de la firma de asesoramiento Alvarez & Marsal, deberá contar con el visto bueno de todas las partes implicadas en el futuro del grupo: banca acreedora y bonistas. “La solución debe contar con el consenso de todos los acreedores, ya que Abengoa vale más en funcionamiento que si entra en concurso”, según fuentes implicadas en la negociación.

El consenso entre todas las partes implicadas será necesario para que el proyecto del grupo salga adelante, ya que el plan para impulsar la Nueva Abengoa contempla una compañía un 50% más pequeña en términos de beneficio bruto de explotación (Ebitda), con una facturación un 60% inferior a los cerca de 7.700 millones de euros ingresados al año y con deuda de entre 3.000 y 4.000 millones de euros, frente a los casi 9.000 millones de euros actuales, según el borrador del plan en el que trabaja la compañía.

La fecha marcada en rojo en el calendario de la empresa especializada en energías renovables es el 28 de marzo. Si la compañía no logra el visto bueno de los acreedores a su plan, no podrá esquivar entrar en concurso. El otro problema que tiene sobre la mesa la firma andaluza es la acuciante necesidad de liquidez.