Hay tres aspectos que los empresarios deberían vigilar continuamente para no caer en la actividad paralela: las estrategias, las funciones mal definidas y la actividad de los empleados. Teniendo estas tres cosas controladas, es complicado que se produzca algún tipo de paralelismo en la empresa que afecte a su productividad.

En primer lugar, el negocio debe tener una estrategia global clara, bien definida y explicada para que los empleados remen juntos en la misma dirección. Algunas pequeñas empresas fracasan precisamente por la falta de concentración de esfuerzos de todos su empleados. Las estrategias pueden salir mal, claro, pero lo importante es darse cuenta a tiempo y cambiarlas o readaptarlas para que todo vaya sobre ruedas.

También es importante que las funciones de cada empleado estén bien definidas. Una estrategia puede no funcionar correctamente por muy bien definida y explicada que esté, pero si cada quién está centrado en una cosa, será especialista en ello y sabrá determinar rápidamente qué funciona y qué no. Por tanto, es imprescindible que cada quien tenga claro su papel dentro de la empresa.

Por último, es necesario que cada persona tenga un único trabajo. La multitarea rara vez sale bien. Que los empleados sean polivalentes es muy positivo para resolver situaciones puntuales, pero lo ideal es que cuando se le pregunte a cada empleado cuál es su trabajo, solamente responda una cosa. Concentrar el esfuerzo de un empleado en una única tarea asegura, salvo excepciones, un mejor rendimiento.