Increpar y/o gritar a sus empleados

Nadie tiene por qué aguantar insultos, humillaciones ni ningún otro tipo de violencia vejación. Si un empleado hace algo mal, lo lógico es decírselo y tratar de que lo haga bien la siguiente vez. Si no funciona, contrata a otra persona, pero ponerte como un energúmeno el trabajador, desde luego, no es el camino.

Hablar del sueldo de un trabajador delante de los demás

Nadie tiene por qué saber lo que cobra su compañero. Si es más, si es menos, que el resto de compañeros lo sepan no tiene que depender de que el jefe lo diga delante de los demás. Este tipo de comentarios sobre los salarios, especialmente cuando son altos, pueden generar envidias innecesarias. Son cuestiones para hablar en privado.

Hablar de su vida personal (detalladamente)

Es bueno que los empleados conozcan a su jefe no sólo como alguien que les manda, sino como persona, no obstante, un jefe no debe dar demasiados detalles acerca de su vida. Los empleados no tienen por qué ser ni amigos ni confidentes de los jefes.

Hacer referencias inapropiadas sobre sus empleados

Si algo que dice un jefe ruboriza o hace sentirse incómodo a su empleado, evidentemente, no es correcto. Los comentarios sobre el aspecto físico de un empleado o cualquier referencia al mismo no son adecuados. En un lugar de trabajo no deben darte este tipo de situaciones y si se dan, hay que denunciarlas.

Discriminar a un empleado por su condición

Género, edad, raza, religión, orientación sexual… Ninguna de estas cosas tienen que ver con la capacidad de trabajo de una persona, por lo tanto, un jefe nunca debería referirse a ellas para calificar las capacidades de un empleado.

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