Cuando finalicen sus respectivos contratos en la NBA, los hermanos Gasol habrán amasado más de 320 millones de euros sólo en salarios. Una cifra estratosférica, como corresponde a los hermanos más célebres de la historia del deporte español. Pau, el mayor, acaba de ofrecer a sus 35 años (edad a la que la mayoría de los deportistas de élite ya están viviendo de las rentas) una exhibición histórica en el Europeo de baloncesto ganado por España en septiembre. Un torneo que le ha coronado como mejor jugador –MVP– y que le refuerza en el top de los deportistas españoles con más tirón publicitario y comercial para las empresas. 

Su rostro empapela estos días las oficinas de Banco Popular, la entidad que desde 2007 apostó por el fenómeno de Sant Boi porque –decía entonces– “Gasol refleja perfectamente los valores de liderazgo compartido, éxito, dinamismo, espíritu de equipo, solidez y confianza”. Entonces, Pau estaba a punto de dar el salto desde los Memphis Grizzlies a los míticos Lakers, donde llegaría a la cima deportiva –dos títulos consecutivos de la NBA– y económica de su carrera. En su último año en Los Ángeles cobró 19,2 millones de euros, su mayor salario de siempre en una sola temporada.

Cuando al término del curso 2015-2016 termine su contrato en Chicago, donde ha rebajado sus honorarios hasta niveles más acordes con su fecha de nacimiento, Pau Gasol habrá sumado unas ganancias de 162 millones de euros. A la cifra hay que añadir los jugosos contratos publicitarios del jugador. Popular le ha renovado hasta 2019 sin desvelar el montante del contrato, y Nike o San Miguel son algunas de las grandes firmas con las que mantiene relaciones comerciales con el estatus económico de la gran estrella que es. Pau ya es uno de los 20 jugadores mejor pagados de la historia de la NBA, un listado al que pronto se sumará su hermano Marc, que ha marcado un hito sencillamente impensable para el deporte español hasta el estallido de la ‘Edad de Oro’ que parió a gigantes como Rafael Nadal o Fernando Alonso, los únicos deportistas españoles que ingresan más qué él en sus cuentas corrientes.

El otro Gasol ha firmado con los Memphis Grizzlies el contrato con más ceros de un extranjero en la historia de la liga estadounidense. El pivot cobrará 113 millones de dólares a lo largo de las cinco próximas temporadas. Mucho más de lo que su hermano o el otro gran icono del baloncesto europeo en la NBA, el alemán Dirk Nowitzki, hubieran soñado jamás. Dentro de un lustro, la carrera de Marc al otro lado del Atlántico se traducirá en una nada menos que 164 millones de euros. Tanto, y hasta un poco más, que su hermano. Una pareja deslumbrante que por razones económicas (Marc) y deportivas (Pau) ha acaparado los titulares deportivos este verano.

Dos ricos muy ricos en el cada vez más poderoso clan de los deportistas españoles de élite. A la cabeza siguen dos clásicos en horas bajas que, resultados deportivos al margen, siguen manteniendo en todo lo alto su tirón popular y publicitario. Por primera vez desde su meteórico ascenso a la élite del tenis en 2005, cuando levantó el primero de sus nueve títulos en la arcilla de Roland Garros, el manacorense no ha levantado un título de Grand Slam en un año completo y ha perdido mucho terreno en la clasificación de los mejores tenistas del mundo, comandada por sus grandes enemigos históricos, Novak Djokovic y Roger Federer. Pero Nadal sigue siendo un reclamo publicitario de primer orden para las grandes marcas. Es la última adquisición de Tommy Hilfiger, que ha convertido al mito del tenis en nueva imagen global de varias colecciones. Entre ellas, la de ropa interior que ha mostrado el cuerpo del jugador despojado de las clásicas prendas deportivas.

Se calcula que en los mejores momentos de la carrera del tenista –ganó 14,5 millones de dólares en su última gran temporada, la de 2013– los ingresos publicitarios han doblado a los deportivos. De administrar esta vasta fortuna se ocupa su padre, Sebastián Nadal, bajo la atenta mirada de uno de sus hombres de máxima confianza, su manager y exjugador Carlos Costa, siempre en un discreto segundo plano. La otra gran máquina de hacer dinero es el piloto Fernando Alonso. Ha dejado Ferrari por McLaren con un resultado más que decepcionante: está protagonizando su peor temporada en la Fórmula 1 desde que era una joven promesa en Minardi, en la prehistoria de su carrera.

Con las finanzas en regla desde que hace cuatro años trasladó su residencia de Suiza a Oviedo previo pago de 60 millones de euros, Alonso ahoga las penas deportivas con un salario de altísimos vuelos de 35 millones de euros por temporada, bastante más de los casi 30 que cobraba en la exclusiva escudería Ferrari. Convertido en un músico sin instrumento, en un guerrero sin armas (“¡Me pasan en las rectas como si fuera un GP 2, es vergonzoso!”, clamaba el piloto a finales de septiembre en Japón ante otra exhibición de impotencia de su monoplaza), Alonso lucha por reconquistar el cetro deportivo perdido. En lo económico, está como Nadal entre los tres hombres más ricos de su comunidad autónoma. Son la punta de lanza de una hornada de deportistas de élite que llaman a las puertas de la lista de Forbes: futbolistas como Iker Casillas, Xavi Hernández, Sergio Ramos, Cesc Fábregas (dobla en el Chelsea el salario que cobraba en el Barcelona) o Piqué, o los campeones de Moto GP Jorge Lorenzo y Marc Márquez, que ha mudado su residencia a Andorra y ha negociado un contrato con Honda que se va ya hasta los 10 millones de euros por temporada. Guapos, jóvenes y famosos, los reyes del deporte español son cada vez más ricos. La crisis, para ellos, nunca existió.