Los investigadores han demostrado que para la mayoría de la gente dormir menos de seis horas cada noche supone un deterioro cognitivo, sin tener en cuenta otros problemas importantes de la salud, como un mayor riesgo de diabetes tipo II y enfermedades cardiovasculares, entre otros, según se menciona en el artículo publicado por The World Bank. Estas enfermedades también son más comunes entre las personas que se encuentran en el umbral de la pobreza, lo que lleva a algunas preguntas obvias: ¿tiene relación la falta de sueño con problemas de salud y a su vez con tener pocos ingresos? ¿O por el contrario es la pobreza y los bajos ingresos los que producen esa falta de sueño?

Freakonomics publicó recientemente un ‘podcast’ en dos partes sobre el tema del sueño y cómo puede afectar no sólo a nuestra salud, sino también a la situación financieros de las personas. Comienza analizando el puzle sobre si la pobreza conduce a la falta de sueño (factores ambientales, el estrés de tener menos recursos o la necesidad de estar pluriempleado pueden interferir con el sueño regular) o si la falta de sueño conduce a la pobreza (el deteriorado conocimiento que se produce por la falta de sueño nos impide ganar nuestro potencial).

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Realmente no podemos decir que haya una respuesta clara, pero sí que se han obtenido algunas conclusiones que clarifican esta idea. Por ejemplo, Lauren Hale, profesor asociado de Medicina Preventiva de Stony Brook, está llevando a cabo un proyecto llamado el Estudio de las Familias Frágiles y del Bienestar Infantil. En dicho estudio se ha encontrado que, a la edad de 5 años, los niños con una rutina regular de sueño basado en el lenguaje (es decir, lectura de cuentos cuando se encuentran en la cama o a través del canto de una canción) superan a los niños sin dichas rutinas antes de dormir en las pruebas cognitivas.

Anne-Marie Chang, Chuck Czeisler, y otros compañeros de la Universidad de Harvard publicaron un estudio experimental en el que se analiza el comportamiento de un grupo de personas en un laboratorio durante una noche. Se pidió a los participantes que lean el mismo libro antes de irse a dormir, pero con una diferencia: la mitad de los lectores lo harían con un libro en papel y la otra mitad con un iPad. El resultado fue realmente asombroso: los lectores que utilizaron el iPad lo tuvieron más difícil para conciliar el sueño, y una vez dormidos, su sueño tuvo una calidad peor.

Volviendo a la relación con la pobreza, hace diez años Jens Bonke, economista e investigador ‘senior’ de la Fundación Rockwool en Copenhague, estudió los ingresos medios de los madrugadores y de los amantes de la pernoctación. La encuesta cubría una gran muestra poblacional: más de 10.000 personas cada minuto del día analizado. Los resultados fueron que los que preferían madrugar ganaban un promedio de un 4.5% más que los que preferían levantarse tarde.

A pesar de que existan numerosos estudios que intentan unir diferentes aspectos de nuestra vida con la falta de sueño o cómo esta nos afecta en nuestra rutina, la verdadera clave del éxito se encuentra en descansar entre 7 y 9 horas. Recuerda que no sólo es necesario para nuestro cuerpo y elemental para evitar enfermedades importantes, sino que también nos va a ayudar en nuestra vida laboral y a obtener nuestros objetivos profesionales.