Busca acerca de la empresa: intenta no pecar de incauto y conoce cómo se desarrolló y cuáles son las metas que busca el corporativo. Nombres y títulos superiores incluidos.

No temas a preguntar al entrevistador: si tienes duda sobre algo, dilo. No querrás parecer desinteresado si por lo contrario te mantienes callado y asientes.

Presta atención a tu presentación y vestimenta: será lo primero que evalúen por suerte o desgracia, así que cuídala. ¡Al menos el primer día!

Deja tu CV o tarjeta de contacto, ¿o cómo si no te van a llamar? Es un fallo tonto en el que se cae más de lo que se piensa.

Si tienes varias personas durante la entrevista, asigna una carta con un nombre en la mesa para no pecar de desinteresado al no saber el título o nombre.

Da un apretón de manos firme y seguro. Dice mucho más de lo que crees y será una carta feroz de presentación.

Mantén en todo momento el contacto ocular, o parecerás que evitas al entrevistador y puede sentirse ignorado. Craso error.

Responde a lo que se te pregunta, ni más ni menos. Evita rollos innecesarios y no te extiendas hasta el punto de aburrirle.

Sé conciso: el tiempo del reclutador es limitado y no querrá que nadie se lo eche a perder, así que se claro y conciso cuando puedas.

Nunca digas nada negativo de ninguna empresa o empleado, hablará muy mal de ti y será decisivo para que no te escojan. Nadie quiere un bocazas entre sus filas.

No preguntes lo que ya debes de saber. Para eso está la formación y preparación previa a la entrevista. Si lo haces parecerás limitado.

No pierdas el tiempo con preguntas que no merecen la pena. Lo dicho, breve y bueno, dos veces bueno. ¡Así que al lío!