El texto crece cada vez más y no dices nada (o cuentas demasiado)

Si te pones a escribir y tu texto cada vez se alarga más, mala señal. Posiblemente estés excusándote, dándole vueltas a algo que al destinatario no le interesa o, simplemente, tratando de retrasar algo realmente importante que quieres decir y no te atreves a escribir. Abandona, en serio, no es el momento de escribir ese e-mail y de seguir así posiblemente envíes un testamento ilegible o un correo horrible con el que harás al destinatario plantearse por qué razón sigue teniendo algo que ver contigo (lo cual es especialmente peligroso si se trata de temas personales, ojo y cuidado).

Has puesto demasiados signos de puntuación

Un e-mail no es un cómic. Más alto se puede decir, pero más claro no, así que, por favor, abstente de usar cosas como “¡¡¡ !!!”, “¿¿¿ ???” y “……….”. Estos son algunos de los signos de puntuación más erróneamente utilizados y pueden denotar desde informalidad hasta hostilidad, pasando por inmadurez y falta de profesionalidad, entre otros. Así que, si tu correo tiene demasiados signos de puntuación, mejor que lo revises o dejes lo de escribirlo para otro momento.

Al revisarlo tienes que releer varias veces para enterarte de lo que pone

Si te ocurre esto es porque tu e-mail está visiblemente poco claro. Si ni siquiera tú, que lo has escrito, eres capaz de leerlo del tirón y enterarte de lo que pone, ¿cómo esperas que lo haga otra persona? Si crees que no vas a ser capaz de reescribirlo mejor, déjalo para otro momento. Si crees que estás en condiciones, simplifícalo, pero así tal y como está ni se te ocurra enviarlo.

No tienes ni idea de qué responder (porque no tiene que ver contigo)

En estos casos, lo mejor es redirigir el correo electrónico que te han enviado a la persona que mejor pueda responder. Si no es tu responsabilidad o no sabes cómo solucionar lo que se te plantea en el e-mail recibido, al menos echa un cable a la persona que se ha equivocado contactando contigo y pásale con la persona adecuada. Eso sí, trata de avisar a ambos de que los vas a poner en contacto, que a nadie le pille por sorpresa. Especialmente a la persona a la que vas a derivar el correo.