Los 30 de antes: Te asociaste hace casi más de una década y, desde entonces, has ido construyendo una familia.

Los 30 de ahora: Te está dando cuenta quién eres como adulto y estás agradecido de no estar atascado con elecciones que quizá tendrías que haber hecho hace diez años.

Los 40 de antes: Has comprado una casa más grande en una comunidad mejor que en la que has vivido durante años.

Los 40 de ahora: Estás feliz por tener la posibilidad de alquilar un piso en el centro, donde piensas que hay más acción que a las afueras.

Los 50 de antes: Han llegado los años de oro y sabes que no hay un hogar vacío.

Los 50 de ahora: Estás relanzando tu carrera después de un despido y relanzando tu vida después de un divorcio.

El tema principal es que antes las etapas estaban más definidas y ahora da igual en qué etapa de la vida te encuentres, el objetivo es reinventarse. Lo que tienes ahora es la sorprendente oportunidad de crear un tipo de vida fiel a tus esperanzas, sueños y valores. Tienes una libertad sin precedentes. Pero por supuesto, con la libertad viene la ansiedad.

¿Cómo sabemos que los años han cambiado?
Si el objetivo antes era tener una casa en las afueras, los jóvenes se interesan más por un buen alquiler en el centro. El New York Times informó el año pasado que el número de personas con estudios universitarios de 25 a 34 años que viven en el centro de las ciudades se ha disparado hasta el 37% desde el año 2.000, así como la población total de estos barrios se ha reducido ligeramente. El baby boom también ha ocasionado un movimiento a la ciudad, mientras que para la generación X tener una casa propia ha dejado de ser una prioridad.

Las expectativas sobre las relaciones y los hijos también están experimentando grandes cambios. En 1960 la edad media del primer matrimonio era de 20 para las mujeres y 22 para los hombres. Dentro de los matrimonios tradicionales entre hombres y mujeres, hoy se acerca a los 27 y 29, y aumentan progresivamente. Más allá de las nuevas realidades del matrimonio, que se ha ampliado a las relaciones entre personas del mismo sexo, la noción misma del matrimonio ha cambiado porque no muchas personas ven como algo saludable para una mujer de 20 años formar una familia.

En el pasado, muchos matrimonios se precipitaban por obligación para evitar estigmas sociales. Hoy en día, alrededor del 40% de los niños en los Estados Unidos nacen fuera del matrimonio (con tasas aún más altas en muchas economías europeas avanzadas), y el 61% de los estadounidenses aprueba hijos nacidos de este modo.

La independencia económica y social para las mujeres también entra en el juego de lo nuevo. Durante tres décadas y media, las mujeres han superado en número a los hombres en los campus universitarios de Estados Unidos. Y las tasas de empleo de las mujeres han sido en general tan fuertes o más fuertes que los hombres en los últimos años.

Antes vivía en garantía de estabilidad o conformidad. Hoy carecemos de los medios para conseguirlas. Para aquellos que están en torno a los 50, no se trata de consolidar nuestras victorias y pulir nuestros trofeos. Viene a la mente palabras de Bruce Springsteen (lo siento, no tengo nada más actual, te lo dije, tengo casi 50): “Nosotros tenemos una última oportunidad para que sea real”. Hay una urgencia por hacer en los próximos años auténticos nuevos caminos hacia el éxito, ya que los viejos se han convertido en callejones sin salida.

Pero aunque la ansiedad sea la protagonista, resulta reconfortante pensar que los antiguos marcadores de éxito han demostrado estar obsoletos o irrelevantes para la mayoría de nosotros.