Suena Lichis, que canta Dinero por nada: “Te preguntas a qué juego, no lo quise ver venir”. Sin embargo, en los primeros años de los dosmiles, cuando la burbuja inmobiliaria estaba en pleno auge, la música sonaba a fiesta; nadie pensaba en pagar una hipotética futura tras el baile. Entre los años 2000 y 2005 se construyeron unas trescientas mil viviendas al año, aproximadamente, y las industrias relacionadas se expandieron: cementeras, carpinteros, albañiles, pintores, encofradores, etc. Un dream team del yeso y el ladrillo que marcó una época dorada en España. Pero los brillos esconden sombras.

En Villacañas huele a madera y a azufre. Este pueblo de Toledo, situado a unos cien kilómetros de Madrid, se erigió como la Meca de las puertas en aquellos tiempos. De sus fábricas más representativas (Eurodoor, Dermaco, Visel, Proma, Docavi, San Rafael, Artevi y Barmovi) salían veinte mil puertas cada semana, lo que venía siendo el setenta y dos por ciento de toda la demanda en España.

De los más de diez mil habitantes, cinco mil, para redondear, trabajaban en las fábricas de puertas. Sin olvidar a los trabajadores de las zonas próximas. “Mi marido llevaba varios años trabajando, antes del ‘boom’. Nunca nos faltó un plato de comida, pero el nivel de vida de muchos de sus compañeros y jefes no era lógico”, comentaba la esposa de uno de los trabajadores de las factorías, ahora en paro.

Debido a este crecimiento, las empresas se expandieron, contratando más personal, ampliando naves y flota. Además, la población de Villacañas aumentó y las cifras de paro, por entonces, eran prácticamente inexistentes, aunque la tasa de fracaso escolar era de las más altas (cercana al treinta por ciento). “No nos fijábamos en lo que iba a venir. Nosotros queríamos dinero para nuestras cosas y con las puertas se ganaba bastante”, declaraba un chico, de unos veinte años, que abandonó la E.S.O. para dedicarse a la carpintería local. “Ahora me arrepiento, porque podía haber estudiado más y ser alguien con un futuro mejor. También te digo que era muy duro ese trabajo comparado con calentar la silla en el instituto”, vuelve a incidir con la intención de advertir a las generaciones venideras de los peligros de estos cantos de sirena que hicieron naufragar a más de uno.

Allá por 2009, la zona quedaba totalmente muerta, y los chalets y los coches caros estaban todos embargados. En 2011, Puertas Artevi echaba el cierre, dejando una deuda de treinta millones de euros al no haber podido superar el proceso concursal. Esta empresa, fundada en 1989, llegó a tener a setecientos trabajadores a su cargo, pero cuando llegaron los malos momentos la cifra se redujo a doscientos veinte, quedándose, después, en la calle todos ellos. “Toledo es la provincia de España donde con mayor fuerza está afectando la crisis económica”, explicó Jesús García Villaraco, secretario general de C.C.O.O. en Toledo.

El caso de Villacañas es un ejemplo para escenificar lo que ha pasado en todo el país. De aquellos barros, estos lodos, que se diría. Es posible que el dinero cegara al sector de la construcción –aplicable al sector de la hostelería-, creando una soga que, poco a poco, fue tensándose hasta que, en un último tirón, arrastró cualquier punto dedicado al ladrillo. Una caída con todo el equipo que, a día de hoy, sigue protagonizando el drama del paro en España.

No obstante, y volviendo a Villacañas, se llegaron a facturar setecientos millones de euros. Nadie pensaba en un futuro a largo plazo, sino en el dinero fácil. Como rezaba un curioso graffiti: “La Virgen anuncia la inminente venida de Jesús en Villacañas”.