No subestimes los primeros días, son los más importantes en cuanto a tu imagen, pero además crearán un vínculo con tus compañeros que permitirá que ellos quieran trabajar contigo.

Para conseguir esto tendrás que trabajar duro desde el principio, esto conlleva entender tu rol en la empresa de forma objetiva, estudia sobre el negocio al que te dedicas para tener una visión panorámica más clara, haz relaciones individuales y personales y no olvides tratar con jefes que puedan ser una llave a un puesto futuro.

Por otro lado entender las metas de tus jefes y poder llevarlas a cabo se hace necesario para ser eficaz en tu puesto. Además, mantente proactivo en tu silla para maximizar tu tiempo en la oficina –y evitar llevar trabajo a casa-. Para afianzarte crea una hoja de ruta en tus primeros días, donde expondrás tus metas de forma realista y detallada a tu mandamás.

Nunca olvides la fluidez de la comunicación entre compañeros: el networking te ayudará a crecer y abrir puertas profesionales que ni el mejor máster podría conseguir. ¿Cómo hacerlo? Ayuda a quien lo necesite y da las gracias por su apoyo diario. ¿No parece tan complica, no?

Por último evita ser un mister sabelotodo en tu hábitat laboral, evita trabajar más de la cuenta y propagar algún cotilleo incómodo. Todo esto junto a una actitud positiva ante la empresa hará que brilles desde el día uno.