Trabajar duro

Como hemos dicho al comienzo de este artículo: los billetes no caen del cielo. Algunos millonarios también han hecho jornadas de 10 horas, trabajado los fines de semana o estado pluriempleados para sacar adelante su sueño. No todos los imperios son fruto de un golpe de suerte.

Renunciar a cosas

Quien algo quiere, algo le cuesta. Unos han sacrificado tiempo libre con los suyos, su felicidad personal por la empresarial, otros su anonimato, pero el caso es que todos han tenido que renunciar a algo que querían por estar donde están. Raro es aquel que se salva de esto.

Arriesgar poco

El que no arriesga no gana, dice el refrán, y en el caso de muchos millonarios se ha cumplido tal cual. Quizá no en sus inicios, pero sí más adelante, cuando han expandido su negocio y han visto que sin tomar decisiones arriesgadas podrían no probar las mieles del éxito. Por suerte, a ellos les salió bien.

Ser generoso

A menudo se juzga a los millonarios por su falta de generosidad, pero algunos de ellos donan parte de sus fortunas sin tener, no lo olvidemos, ninguna obligación de hacerlo. La filantropía no está reñida con el dinero y ser millonario no es sinónimo de ser avaricioso y tacaño.

Aprender cosas nuevas

Renovarse o morir es una premisa que muchos millonarios tienen en cuenta. Para algunos de ellos, anclarse en lo conseguido y no mirar más allá es un error fatal que les puede conducir a la ruina, por eso aprenden siempre cosas nuevas y tratan de mejorar su negocio.