Saben perfectamente a quién se dirigen

Y si no lo saben, estarán prevenidos. Un buen discurso tiene que contar, entre otras cosas, con la aprobación del público para serlo. Si no conectas con el público, algo falla. Los buenos comunicadores lo primero que piensan es en a quién se dirigen.

Controlan sus gestos (pero con naturalidad)

Controlar los gestos no tienes que suponer necesariamente perder la naturalidad. He ahí donde reside la cualidad de los buenos comunicadores. Ellos saben cómo ocultar las cosas que no deben mostrar pero sin que se note que lo están haciendo.

Son firmes (pero no autoritarios)

Sus palabras son capaces de ser contundentes sin necesidad de parecer demasiado serias o agresivas. Es decir, son capaces de demostrar total convicción sin parecer que están adoctrinando con su forma de pensar a los demás.

Están atentos y hacen partícipes a los demás

Si alguien en la sala se desmaya, bosteza o algo similar, ellos posiblemente lo vean. Miran a la personas, no al infinito. Esto ayuda a generar confianza y transmitir cercanía. Una cercanía real, porque intentan incluir a los demás en su discurso y no centrarse sólo en el “yo”.

Sacan a relucir su personalidad (sin planearlo)

Ellos son como son y quieren que los demás les vean tal como son. Os buenos comunicadores no suelen dejar su personalidad al margen de su discurso, sino que tratan de poner su sello a todo lo que hacen. Independientemente de que no lo hagan adrede, saben adaptar su estilo a la ocasión en la que se encuentran.