En primer lugar has de ser crítico, ser directo, ir al grano y ser muy conciso. Esto puede parecer algo brusco para algunos compañeros, pero con el tiempo economizará charlas que ya se tuvieron y será un engranaje importante en la comunicación interna de la oficina.

En ocasiones, el gerente puede llegar a ser tan vago en la oficina como su subordinado. Si es así, unas ordenes que pueden mejorar la comunicación entre jefe y empleado es la de pedir “por favor” cada informe y trabajo requerido. Esto, además de motivar y valorar el trabajo anterior realizado por el trabajador, mantiene una atmósfera de respeto y cordialidad que no debe de sobrepasarse por nada en el ámbito laboral.

Uno de los consejos recogidos en el libro es el de comunicar en ocasiones solo el titular necesario. ¿Por qué exponer más información de la requerida? Ser concisos es algo que hacemos en situaciones de riesgo como cuando suena la alarma de incendios, ¿por qué no aplicarlo más a nuestro día a día? Demasiada información no es sinónimo de calidad laboral.

Por último, Friedman recalca la actitud al comunicar. Tener las manos en la espalda mientras se habla, mirar a los pies, evitar el contacto con los ojos o unas manos que pasan demasiado tiempo en los bolsillos comunicarán más de ti de lo que piensas. Relájate y ensaya tu comunicación no verbal y corporal. Con educación y sencillez comunicar de forma efectiva en la oficina no tiene por qué ser un hándicap.