Admiten sus errores
Una persona que es capaz de admitir que se ha equivocado siempre será más creíble que aquel que nunca falla. La perfección no existe e infunda sospechas en los demás. Agachar la cabeza a tiempo puede salvar tu credibilidad.

No alardean de su sinceridad u honradez
Alguien que quiere resultar realmente creíble no se dispondrá a comenzar una frase con las palabras “para ser sincero/honesto”. Cuando una persona está realmente convencida de algo, lo dice sin más dilaciones.

Cultivan su marca personal
Si lo que una persona cuenta no se corresponde con lo que los demás ven, su marca personal está mal construida y, por tanto, no resultará una persona creíble. Cuidar nuestra presencia en redes sociales es muy importante.

Saben perder, saben ceder
Una persona que solamente sabe ganar y quedar por encima no transmite credibilidad. La credibilidad es valiosa a largo plazo y a veces es mejor no obtener la victoria pero quedar como una persona honrada y capaz de negociar.

Reconocen las cualidades de los demás
No dan cumplidos a cualquiera, pero saben cuándo deben hacerlo. Alguien que reconoce los méritos de los demás no solo cuando son evidentes, infunda credibilidad y refleja la posesión de un buen criterio.

No lo saben todo
Aquel que se jacta de saberlo todo y nunca es capaz de admitir que algo se escapa de su conocimiento, rara vez resultará creíble. Es imposible que alguien lo sepa siempre todo y, por tanto, la humildad resultará siempre más creíble.

Pero sí saben cuál es su lugar
La mentira tiene las patas muy cortas, por eso, aquellos que se esfuerzan en aparentar lo que no son acaban delatándose a sí mismos. Una persona realmente creíble sabe quién es, cuál es su lugar y no tratará de hablar como quien no es.