De Kiss se ha vendido absolutamente todo, más allá de las camisetas, chapas y demás memorabilia estándar: coches, peluches de Hello Kitty, ataúdes, viajes en crucero, cervezas, lenguas de goma, campos de mini-golf, cafeterías, preservativos, un equipo de fútbol americano, cuchillos, tarjetas de crédito, patitos de goma… Así, hasta un sinfín de productos (más de cinco mil) con la iconografía de la banda de Rock. “Todas las bandas venden camisetas y venden mercancía, pero no lo hacen tan bien como nosotros”, comentaba Simmons. ¡Toda una industria que bebe del show business del Rock and Roll!

Lo más curioso del asunto, teniendo en cuenta lo contrario que es la actitud del Rock –en teoría, por supuesto- a todo lo que huela a dinero, es que los seguidores de Kiss no ponen el grito en el cielo si Gene Simmons presenta una nueva línea de papel higiénico. Incluso, los más pudientes y aventurados miembros de la Kiss Army (así se llama el club oficial de fans) harán todo lo posible por hacerse con ese papel higiénico. “¿¿Pero quién va a comprar eso??”, se preguntaba la gente en Twitter al conocer la noticia.

Kiss, más que una banda icónica de Rock, es una franquicia. “Kiss es como Doritos o Pepsi, al menos en lo que el alcance de la marca se refiere. Ellos son más personajes que personas individuales. Creo que los hipotéticos nuevos miembros tendrían una legítima oportunidad para proseguir con la franquicia”, dijo Doc McGhee, mánager, sobre la posibilidad de reclutar nuevos miembros para el futuro. Si al fin y al cabo, y a grandes rasgos, a los seguidores no les importa demasiado los cambios de los componentes porque prefieren el espectáculo del directo, ¿por qué no aprovecharlo? Peter Criss y Ace Frehley, miembros originales desde la fundación, abandonaron la formación y volvieron a ella de manera intermitente.

También es verdad que estos cambios no son novedad dentro de las grandes bandas de Rock. A saber: AC/DC, Black Sabbath, Van Halen, Deep Purple… ¿Hay algún problema además de las comparaciones? Ninguno. The show must go on! No es la primera vez que su guitarrista original, Paul Stanley lo reafirma: “Creo que hay más de una persona que puede subir y alucinar al público. Y en algún momento yo no estaré ahí”.

Por su lado, Simmons, que atesora una fortuna que supera los trescientos millones de dólares, lo tiene muy claro y no tiene reparos en declararlo: “La vida es un negocio, y yo me acerco a la vida de la forma en que los tiburones se acercan a la vida: tienes que mantenerte en movimiento o de lo contrario te ahogas”. Vive para trabajar, aunque ya no necesite realmente ganar dinero. Es como un depredador económico, un workaholic que no tiene en sus planes ser tan filántropo como Bono (U2) o tan excéntrico como Michael Jackson.

“Yo vivo para ganar más dinero. Los que dicen que el dinero es la raíz de todos los males son unos imbéciles, la falta de dinero es la raíz de todos los males”. Como legado de su actividad financiera, Gene Simmons publicó el libro Me, Inc., que trata sobre cómo ser millonario siguiendo sus pautas. “Es un libro acerca de la vida y los negocios, de cómo hacer que la gente gane más dinero y para ser rica. En la escuela no te enseñan realmente a hacer esto, lo que significa que en la vida te tienes que enseñar a ti mismo”, desgranaba el músico para después añadir que “hay que aprender sin maestros, ir y encontrar la información donde sea, porque cuando creces debes buscar tu propia comida, tu propio dinero y averiguar cómo construir un patrimonio para vivir. Este libro enseña a tomar buenas decisiones”. Sin embargo, algún secreto esconderá bajo el maquillaje que transforma al hombre de negocios en un showman dispuesto a todo, incluso a ganar dinero.

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