Aprende de los errores y comprométete. Si tienes que estar dos semanas con un trabajo concienzudo, se está, pero no abandones o dejes algo medias. Es una práctica que a largo plazo pasa factura. Haz en lugar de pensar.

La planificación es la clave. No dejes nada al azar: ve al grano y a lo que crees que debes de hacer. Si dudas, date tu tiempo de reflexión, pero nunca te lances a hacer algo de lo que no estás seguro.

No dejes de evaluarte y evolucionar. Son dos verbos necesarios en cualquier negocio propio, porque si no lo haces tú, nadie lo hará por ti. Incluso si estás contento, busca la mejora continua.

Disfruta con lo que haces. Ya lo decían: “Encuentra lo que te apasiona y no tendrás que trabajar durante el resto de tu vida”. Si te mueves por lo que te divierte tu dedicación se involucrará más a fondo.

Déjate asesorar e invierte. No creas que puedes hacerlo todo solo, pide ayuda e invierte en tu negocio. Otra forma de inversión que siempre se ofrece rentabilidad es la propia: estudia y fórmate constantemente.