No se puede concretar qué es lo que hace “vivir o morir” una empresa, pero si hay factores en el propio empresario (más allá del contextos socioeconómico) que pueden ser determinantes a la hora de la victoria o el fracaso.

Es crucial para que un negocio funcione, mantener la misma ilusión que el primer día en que se puso en marcha. Cuando una persona pierde el amor y la ilusión por su empresa, es probable que todo esté perdido. Y si aún no lo está, pero las ganas de seguir del empresario menguan por momentos, es el momento de “ceder el testigo” para que el negocio no se hunda junto con su ánimo.

También es vital mantener algo que suele perderse cuando nuestro negocio crece y crece haciéndose un hueco importante… y es la humildad. Muchos empresarios creen que el mercado es suyo, que tienen la situación controlada. Tanto es así que pierden la noción de los cambios hasta que se estrellan sin remedio contra el suelo. Y cuanto más alto estás, recuerda que más alta es la caída. Así que para mantener el éxito en tu negocio una vez conseguido, no olvides mantener la humildad e incluso el “miedo” del primer día”.

Por supuesto, otro factor es la tenacidad, la perseverancia. Un negocio puede dar los primeros coletazos de quiebra, de fracaso, puede empezar a descender el volumen de trabajo o ventas. Pero mientras que “respire”, estás a tiempo. La clave está en luchar hasta el último momento y no darlo por perdido. Esto puede marcar el fracaso por abandono o el éxito por perseverancia.