Los estadios majestuosos de 3.000 millones de dólares, construidos y renovados con motivo del Mundial de Fútbol, han llevado a Brasil al declive económico. Tal y como recoge el análisis realizado por Tony Manfred en Business Insider, 12 estadios fueron renovados y/o construidos exclusivamente para el evento, situados algunos de ellos en lugares realmente poco conocidos y donde no existe una gran afluencia de equipos deportivos que puedan utilizarlos tras la Copa Mundial.

Por ejemplo, la construcción del Arena Amazonia que se encuentra situado en la ciudad de Manaus, en la selva brasileña, costó 300 millones de dólares, aunque no existen equipos de élite que puedan competir a largo plazo (y los partidos que se pueden disputar no se llevan a cabo por su elevado precio de mantenimiento) y a pesar de estar situado a cientos de kilómetros de las áreas más habitadas de Brasil. El estadio ha sido sede de solamente 11 eventos en los cinco meses posteriores al Mundial de Fútbol.

El Estadio Nacional de Brasilia ha terminado siendo utilizado como parking para autobuses, a pesar de haber costado 500 millones de dólares su construcción (el precio más elevado pagado en el país sudamericano). Otros incluso acaban de ser terminados hasta diez meses después de haber acabado el evento, como por ejemplo el estadio Arena Corinthians. El Arena Pantanal en Cuiabá tuvo que ser cerrado a finales del año pasado por unas goteras producidas en su techo. Hoy en día, sirve como cobijo para las personas sin hogar que duermen en los vestuarios abandonados.

Estadios de fútbol millonarios que un día fueron la cumbre de uno de los eventos deportivos más importantes de nuestra historia, han quedado completamente desérticos o con usos tan dispares (y tan poco rentables) como la realización de bodas o cumpleaños, como en el Arena Pernambuco o el Arena das Dunas. Y es que el gasto realizado por Brasil ya alarmó a sus ciudadanos, los cuáles protestaron ininterrumpidamente desde 2013 e incluso durante la realización del Mundial de Fútbol.

Ya no sólo por el gasto de 10.600 millones de dólares que supuso el evento futbolístico en 2014, sino también por el gasto realizado para la Copa FIFA Confederaciones en 2013 y los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro que tendrán lugar en 2016. No obstante, la consideración de Brasil como un futuro y una alternativa económica hizo que prevalecieran más las ganas de triunfar y de enseñar al mundo lo que vale (como la construcción de 12 estadios, cuando la FIFA solamente requiere 8) que lo que realmente el país latinoamericano poseía.