1. Mandar la que viene “por defecto”
Enviar una invitación con el mensaje que viene por defecto denota que contactas con esa persona como con cualquier otra.No tienes especial interés. No te interesa molestarte en hacer algo más personal, así que ¿por qué se iba a molestar la otra parte en aceptar tu invitación?

2. Enviar la misma a todo el mundo
Vale, no mandas la que te ofrece LinkedIn, pero sustituyes la que viene por defecto en la red social por la que tú creas. Escribes un mensaje plano y es el que usas para cualquier profesional con el que quieres contactar. Cada persona, al igual que cada invitación, es diferente.

3. No hace falta que “cuentes tu vida”, mejor calidad a cantidad
Es decir, no te enrolles, no es necesario que expliques detalladamente el motivo de tu invitación, ni tu profesión, ni nada. Basta con tres líneas bien escritas, con educación y en un tono agradable y respetuoso.

4. No comentar de qué conoces a esa persona (o por qué quieres conectar con ella en el caso de que no la conozcas)
Si conoces a la persona a la que le envías la invitación, pero puede que no te recuerde, es el momento de hacerlo (de forma breve). Así sabrá el motivo de tu invitación y será más sencillo que la acepte. Si no la conoces, explícale porqué quieres invitarla, porqué quieres contactar (qué te interesa de su profesión, si quieres proponerle algún proyecto laboral, si quieres mantener contacto…)

5. Enviarla sin una breve “despedida”
Por despedida entendemos un cierre cordial que abra la puerta a continuar con esa conversación. Si simplemente mandas una invitación con una explicación y un “adiós”, es probable o bien, que no la acepten, o que la conversación acabe ahí.