El primer paso para no caer en fallos al mando de tu equipo es el de asesorarte correctamente y para ello debes de confiar en tu propio criterio. Así, una vez que hayas elegido el “background” de la empresa correctamente, a decídete a postular tus empleados. Y ojo, no menosprecies el proceso de selección, al fin y al cabo ellos van a ser el rostro de tu empresa.

Actuar como un coach con tus empelados es algo que debes ejercitar. Para ello, conoce sus debilidades y maestrías a través de test y procura incentivarlos a menudo, es un ejercicio que saneará la atmósfera de trabajo –y que demasiados mandamases olvidan-. Asimismo, tendrás que saber mirar más allá de tu equipo, ya que la empresa es un conjunto de áreas, y deberás estar al tanto de qué se cuece en ellas, si no quieres que prescindan de tu liderazgo más pronto que tarde.

Un consejo para principiantes al mando es el de actuar de forma paulatina en los cambios organizativos, nada radical, ya que podrías asustar a tus empelados en un primer momento. Para ello, justifica cada movimiento a tus subdelegados y que ellos entiendan que es por un bien común, más tarde te conocerán y confiarán en ti.

Por último, el error más común y a evitar si consigues estar al cargo de un equipo laboral es el de caer en el pecado de la obsolescencia. Saber qué rodea al equipo y qué está pasado ahí afuera hará que podáis evitar sencillos errores que se solventan con la actualización continua.