Los preparativos son la base de tu periplo. Así, no olvides que unos conocimientos del idioma natal al país al que te mueves son básicos -por supuesto el inglés debe ser tu faro y guía- ya que vas a competir con trabajadores nativos. Asimismo, un colchón de ahorros se hará necesario, ya que, en el mejor de los casos, el primer sueldo lo cobrarás cuando lleves un mes en el país escogido.

Infórmate de los países con mayor empleabilidad y tira de tu agenda personal: el mejor consejo que te puede dar alguien sobre trabajo en el extranjero es el mismo que lo está experimentando. Seguro que conoces a algún conocido que ha probado suerte fuera de nuestras fronteras. Si es así, pregúntale cómo está el país y a qué administración recurrir para solicitar empleo. En Europa, capitales como París o Estocolmo siguen destacando en cuanto a contratos a gente de afuera, mientras que Inglaterra es el nido elegido por la mayoría de los catadores laborales para estacionarse.

Si eres aventurero y estás decidido, compra el billete y busca empleo en persona, así podrás ser más crítico con la oferta que aceptas y las condiciones. Por otro lado, si te gusta pisar sobre firme, solicita la ayuda de una empresa empleadora. Estas agencias de colocación te guiarán desde tu país de origen para que al menos tengas un puesto temporal antes de lanzarte a cumplir tus metas.

Hacerse las Américas es posible, pero con un estudio y detenimiento previo.