Henri Delaunay fue un visionario dirigente francés del fútbol europeo y mundial. Junto a Jules Rimet impulsó el nacimiento de la Copa del Mundo de selecciones, aunque es recordado por ser el ideólogo de la Eurocopa. Sin embargo, otra de sus grandes ideas fue definir al mejor club del mundo cada año, en el enfrentamiento entre el campeón de Sudamérica y el campeón de Europa. Fallecido en 1955, no pudo ver otro de sus grandes legados. Fue su hijo Pierre, también dirigente de la UEFA, el que tendió puentes con los principales dirigentes del fútbol latinoamericano para crear la mítica Copa Intercontinental.

Muchas de las grandes leyendas del fútbol mundial a nivel de clubes traspasaron fronteras gracias a aquella competición nacida en 1960, cuando el Real Madrid –ya con cinco Copas de Europa en sus vitrinas– se enfrentó al Peñarol de Montevideo a doble partido. Las crónicas de la época hablan de 100.000 dólares de recaudación en la capital uruguaya para ver a Di Stéfano, Puskas, Gento y compañía. El Real Madrid, mucho antes de la era del marketing, empezaba ya a convertirse en un club
planetario.

El prestigio de la competición se fue acrecentando por las grandes gestas, contadas desde la lejanía, pero también diluyendo por históricos episodios de violencia, como los protagonizados por Racing de Avellaneda y Celtic de Glasgow en la final de 1967 y, sobre todo, por Estudiantes de la Plata frente a Manchester United y Milan en los dos años posteriores. Muchos de los campeones europeos se negaron a jugar después de aquello. Fue así, gracias a la renuncia del Bayern de Múnich, como el Atlético de Madrid consiguió llevar una Intercontinental a sus vitrinas en 1974 sin haber ganado nunca la Copa de Europa.

En 1980, Toyota tuvo la feliz idea de patrocinar la competición cuando ya languidecía. Comenzó a jugarse a partido único en Tokio. El torneo recobró su dimensión, especialmente en América, donde clubes como el Santos de Pelé, el Flamengo de Zico, el Sao Paulo de Raí o Boca Juniors, con el Virrey Bianchi en el banquillo, escribieron algunas de sus páginas más gloriosas.

El ‘Mundialito’

Aunque la FIFA mostró desde el año 2000 su intención de asumir la organización, no fue hasta un lustro después cuando nació el Mundial de Clubes, mal llamado ‘Mundialito’ de forma popular. La universalidad que predica el máximo organismo del fútbol mundial convierte el sistema en un ‘engendro’ en el que a día de hoy participan siete clubes. Este año se verán las caras entre el 10 y el 20 de diciembre en dos sedes: Rabat y Marrakech. El Real Madrid y San Lorenzo de Almagro argentino, como campeones de la Liga de Campeones y de la Copa Libertadores, pasan a semifinales directamente y no debutarán hasta el 16. Se da la circunstancia de que hay dos equipos de Oceanía y ningún asiático: el Auckland City (Nueva Zelanda) juega en calidad de campeón continental y el Western Sydney Wanderers (Australia) como campeón de Asia, ya que desde hace unos años Australia se pasó a esa confederación para mejorar su competitividad. La historia de este club, que tiene sólo tres años de vida, es muy curiosa.

Al contrario de lo que se podría pensar, no es un equipo construido a golpe de talonario por obra y gracia de una gran fortuna. Logró el título con un presupuesto estimado de 2,5 millones de dólares. En su accionariado participan varios empresarios encabezados por Paul Lederer, que preside una de las fábricas de productos cárnicos más importantes de Australia, Primo Smallgoods. El Guangzhou Evergrande, que ha ganado las cuatro últimas ediciones de la Superliga China, tiene un presupuesto 40 veces mayor.

El Cruz Azul mexicano representará a la Concacaf (Norte, Centroamérica y Caribe), mientras el Setif argelino participará en nombre del fútbol africano. Representando al país anfitrión participará el Atlético Maghreb de Tetuán, campeón de Marruecos y heredero de aquel histórico club que llegó a disputar la Liga española en la temporada 1951-52, bajo protectorado español.

El reparto de premios alcanza los 16,5 millones de dólares, que van desde los 5 que ingresará el campeón y los 4 del finalista hasta el medio millón de dólares del séptimo clasificado. El favoritismo del Real Madrid es apabullante. Según Transfermarkt, el valor de la plantilla del equipo blanco (688 millones de euros) multiplica por dieciocho a las de Cruz Azul (36,8) o San Lorenzo (37,1), sus casi seguros rivales en el camino hacia el título, mientras ninguno de los otros contendientes alcanza los 10 millones.

Marruecos, que se ha negado a organizar la Copa de África de selecciones por la amenaza del ébola, se aferra al gran reclamo del Real Madrid, con Cristiano Ronaldo y su pléyade de estrellas, para convertir en un éxito esta edición. La pasada fue un absoluto fiasco de público, aunque el interés por organizar este Mundial no decrece, como demuestra el hecho de que Japón quiera volver a albergarlo e India, un país donde el fútbol empieza a quitarle cuota de mercado al cricket, pugne también por organizar la edición de 2015. Hasta 4.000 entradas ha reservado el equipo blanco, por las muy meritorias 3.000 de San Lorenzo de Almagro, el club que tiene al Papa Francisco como seguidor ilustre. El lleno de 52.000 espectadores parece asegurado en el Stade Moulay Abdelah de Rabat, donde el estado del césped por las precipitaciones trae de cabeza a la FIFA. La final se disputará en el Stade de Marrakesh, el mejor recinto deportivo del país tras una inversión de 65 millones de euros.

*Artículo recogido de la edición impresa de Forbes Diciembre 2014. Debido a las dificultosas condiciones de la cancha del Prince Moulay Abdellah de Rabat, el comité organizador de la FIFA decidió mover el partido a Marrakech tras consultar con el comité organizador local.

Iñaki Cano de SportYou.com