Hacerlo de ésta forma puede suponer un batacazo en tu negocio, porque no sabrás enfocar la estrategia de marketing y comunicación de una forma adecuada. Cualquier empresa tiene un target específico, es decir, un núcleo de clientes al que va dirigido el producto o servicio que ofrece.

Por ejemplo: una tienda de ropa de bebés no está dirigida a adolescentes o a personas mayores. Está dirigida especialmente a hombres y mujeres que acaban de ser padres. Incluso un bar, que puede parecer un negocio algo más generalista, también tiene su cliente ideal dependiendo de múltiples factores: la zona en la que esté ubicado, el tipo de comida que ofrezca, los precios que establezca…

Por eso es tan importante tener claro a quién queremos dirigirnos. Porque en función de nuestros clientes tendremos que actuar de una manera u otra. Si tu target es gente joven, sabrás que es imprescindible que te muevas por las redes sociales, que hagas cierto tipo de descuentos, que tus precios sean asequibles…

Por el contrario, si tu cliente ideal es de un poder adquisitivo alto tendrás que hacer un tipo de marketing que de una sensación de absoluta exclusividad, una comunicación personalizada y un trato exquisito.

En los negocios querer llegar a todo el mundo es un error. Cuanto más específico sea el público al que te quieres dirigir, mejor.